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Pruebas sobre el Jesús histórico

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Son muchas las personas que dudan de la existencia del Jesús histórico, es decir, de la persona sobre la que se fundó el cristianismo y que, más tarde, pasó a llamarse Jesucristo. Esta tesis es  poco sostenible, es decir, es más difícil demostrar su no existencia que su existencia. Entre otras cosas porque hoy día el cristianismo está extendido por todo el mundo y esta es la prueba más fehaciente de que Jesucristo existió. Sin él no existiría el cristianismo.

Además tenemos los evangelios, no solo los canónicos sino también las decenas de apócrifos. Además tenemos los hechos de los apóstoles y las innumerables cartas y demás que componen el nuevo testamento.

Pero supongamos que nada de esto nos vale debido a la indudable mezcla de religión con historia que llevan implícitos estos datos.

¿Qué otras pruebas tenemos que no sean religiosas?

Si nos ceñimos exclusivamente a lo histórico tenemos:

Tácito, Anales 15,44,3 (hacia el 115 d.C.) :

“Para cortar los rumores (de que él había incendiado Roma), Nerón señaló como culpables, y castigó con la mayor crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios a los que la turba llamaba cristianos. [[Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato]], y la perniciosa superstición fue contenida durante algún tiempo, pero volvió a brotar de nuevo, no sólo en Judea, patria de aquel mal, sino en la misma capital (Roma), donde todo lo horrible y vergonzoso que hay en el mundo se junta y está de moda”.

Antonio Piñero (mayor referente mundial sobre la figura del Jesús histórico) comenta:

Personalmente pienso que las frases marcadas con paréntesis cuadrados son una glosa o añadido, porque interrumpen el flujo del discurso de lo que escribe Tácito. Si se eliminan, fluye mejor el texto del historiador

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado Cristo”:

En Antigüedades de los judíos 18,63, se halla el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús. Eliminando las interpolaciones de los escribas cristianos, Josefo afirmaría:

“Por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C.) vivió Jesús, un hombre sabio; realizó hechos sorprendentes Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Pilato, después de haber oído que la acusación de los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado. La secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.

Antonio Piñero comenta:

Creo que es razonable admitir este testimonio, sobre todo:

  1.  porque ni siquiera es neutro el análisis delas palabras griegas que emplea Flavio Josefo –las mismas que cuando habla de insurrectos– lleva a pensar que está dibujando a un sedicioso a los ojos del Imperio
  2. porque la mención de Jesús está incluida en una lista de personajes nefastos para Israel, ya que con su predicación del reino de Dios afianzaba la temperatura extremada del sentimiento apocalíptico y de la intervención final divina para liberar a Israel, de modo que Jesús contribuyó decisivamente a fomentar el espíritu que llevó a la catastrófica guerra contra Roma del 66-70.

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Sin embargo disponemos de otras fuentes donde podemos encontrar algunos datos dignos de mención:

  • Otra mención a Jesús en las fuentes clásicas la encontramos en Suetonio. Aún joven durante el reinado de Domiciano (81-96 d. J. C.), Suetonio ejerció la función de tribuno durante el de Trajano (98-117 d. J. C.) y la de secretario ab epistulis en el de Adriano (117-138), cargo del que fue privado por su mala conducta. En su Vida de los Doce Césares (Claudio XXV), Suetonio menciona una medida del emperador Claudio encaminada a expulsar de Roma a unos judíos que causaban tumultos a causa de un tal «Cresto»
  • Una última referencia en la historia clásica la hallamos en Plinio el Joven (61-114 d. J. C.). Gobernador de Bitinia bajo Trajano, Plinio menciona a los cristianos en el décimo libro de sus cartas (X, 96, 97). Por sus referencias, sabemos que consideraban Dios a Cristo y que se dirigían a él con himnos y oraciones. Gente pacífica, pese a los maltratos recibidos en ocasiones por parte de las autoridades romanas, no dejaron de contar con abandonos en sus filas.

De nuevo, sobre la linea que separa lo histórico con lo religioso nos encontramos con el Talmud, que desde el punto de vista de un historiador no se puede obviar, algunos ejemplos son:

En el Talmud se afirma que Jesús realizó milagros. Ciertamente, insiste en que eran fruto de la hechicería (Sanh. 107; Sota 47b; J. Hag. II, 2) pero no los niega ni los relativiza. De la misma manera, se reconoce la respuesta favorable que obtuvo en ciertos sectores del pueblo judío —un dato proporcionado también por Josefo— al señalar que sedujo a Israel (Sanh. 43 a).

Los Evangelios señalan que en el inicio del proceso que culminaría con la crucifixión de Jesús hubo una acción de una parte de las autoridades judías que le consideraban un extraviador. El dato es efectivamente repetido por el Talmud que incluso atribuye toda la responsabilidad de la ejecución en exclusiva a esas autoridades y que señala que lo colgaron —una referencia a la cruz— la víspera de Pascua (Sanh. 43 a).

Aún de mayor interés son los datos que nos proporcionan las fuentes rabínicas sobre la enseñanza y las pretensiones de Jesús. En armonía con distintos pasajes de los Evangelios, el Talmud nos dice que Jesús se proclamó Dios e incluso se señala que anunció que volvería por segunda vez (Yalkut Shimeoni 725).

Este enfrentamiento entre la interpretación de la Torah propia de Jesús y la de los fariseos explica, por ejemplo, que algún pasaje del Talmud llegue incluso a representarlo en el otro mundo condenado a permanecer entre excrementos en ebullición (Guit. 56b-57a). Con todo, debe señalarse que este juicio denigratorio no es unánime y así, por ejemplo, se cita con aprecio alguna de las enseñanzas de Jesús (Av. Zar. 16b-17a; T. Julin II, 24).

El Toledot Ieshu, una obra judía anticristiana, cuya datación general es medieval pero que podría contener materiales de origen anterior, insiste en todos estos mismos aspectos denigratorios de la figura de Jesús, aunque no se niegan los rasgos esenciales presentados en los Evangelios sino que se interpretan bajo una luz distinta.

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Conclusión:

A la luz de todos estos datos, considero que es innegable la existencia del personaje histórico, que posteriormente pasó a la historia como Jesucristo. Seguramente, el historiador serio sabrá separar la paja religiosa y encontrará datos más que suficientes para concluir la existencia del personaje histórico, sin entrar en más detalles de otra naturaleza. Pero está claro que existen otros puntos de vista y líneas de investigación que no concuerdan con la nuestra. Aunque, por el momento, desconozcamos pruebas de ellas.

Y tú ¿Qué opinas de estos datos? Puedes dejarnos tu opinión más abajo.

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