Saltar al contenido
Descifrando Enigmas

¿Existió realmente Jesús de Nazaret?

mayo 18, 2020
Jesús de Nazaret
Advertisement

Son muchas las personas que dudan de la existencia del Jesús histórico, es decir, de la persona sobre la que se fundó el cristianismo y que, más tarde, pasó a llamarse Jesucristo. Esta tesis es poco sostenible, es decir, es más difícil demostrar su no existencia que su existencia. Entre otras cosas porque hoy día el cristianismo está extendido por todo el mundo y esta es la prueba más fehaciente de que Jesucristo existió. Sin él no existiría el cristianismo.

Además tenemos los evangelios, no solo los canónicos sino también las decenas de apócrifos. Además tenemos los hechos de los apóstoles y las innumerables cartas y demás que componen el nuevo testamento.

Pero supongamos que nada de esto nos vale debido a la indudable mezcla de religión con historia que llevan implícitos estos datos.

¿Qué otras pruebas sobre el Jesús histórico tenemos que no sean religiosas?

Si nos ceñimos exclusivamente a lo histórico tenemos:

Tácito, Anales 15,44,3 (hacia el 115 d.C.) :

“Para cortar los rumores (de que él había incendiado Roma), Nerón señaló como culpables, y castigó con la mayor crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios a los que la turba llamaba cristianos. [[Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato]], y la perniciosa superstición fue contenida durante algún tiempo, pero volvió a brotar de nuevo, no sólo en Judea, patria de aquel mal, sino en la misma capital (Roma), donde todo lo horrible y vergonzoso que hay en el mundo se junta y está de moda”.

Antonio Piñero (experto sobre la figura del Jesús histórico) comenta:

Personalmente pienso que las frases marcadas con paréntesis cuadrados son una glosa o añadido, porque interrumpen el flujo del discurso de lo que escribe Tácito. Si se eliminan, fluye mejor el texto del historiador

Flavio Josefo o Testimonium Flavianum

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado Cristo”:

En Antigüedades de los judíos 18,63, se halla el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús. Eliminando las interpolaciones de los escribas cristianos, Josefo afirmaría:

“Por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C.) vivió Jesús, un hombre sabio; realizó hechos sorprendentes Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Pilato, después de haber oído que la acusación de los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado. La secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.

Antonio Piñero comenta:

Creo que es razonable admitir este testimonio, sobre todo:

  1. porque ni siquiera es neutro el análisis delas palabras griegas que emplea Flavio Josefo –las mismas que cuando habla de insurrectos– lleva a pensar que está dibujando a un sedicioso a los ojos del Imperio
  2. porque la mención de Jesús está incluida en una lista de personajes nefastos para Israel, ya que con su predicación del reino de Dios afianzaba la temperatura extremada del sentimiento apocalíptico y de la intervención final divina para liberar a Israel, de modo que Jesús contribuyó decisivamente a fomentar el espíritu que llevó a la catastrófica guerra contra Roma del 66-70.

También tenemos otro texto con polémica y es el siguiente:

En Antigüedades judías (libro 20, capítulo 9, 1) Josefo se refiere a la lapidación de «Jacobo el hermano de Jesús» por orden de Ananías ben Ananías, un Sumo Sacerdote de la era herodiana.El Jacobo al que este pasaje se refiere es muy probablemente Jacobo, el primer obispo de Jerusalén, también llamado Jacobo el Justo en la literatura cristiana, y al que le ha sido atribuida Epístola de Santiago. Recordemos que Santiago y Jacobo son el mismo nombre.

Los detractores de este texto argumentan que la interpolación es “quien era llamado Cristo”.

El texto completo es el siguiente:

Informado el César de la muerte de Festo, envió a Albino como procurador de Judea. El rey privó del pontificado a José, y lo concedió a Ananías hijo de Ananías. Según se dice, el anciano Ananías fue un hombre de muchísima suerte; tuvo cinco hijos, y dio la casualidad de que los cinco obtuvieran el sumo sacerdocio de Dios, siendo el primero que por mucho tiempo disfrutó de esta dignidad. Tal caso no se dio anteriormente con ningún otro sumo sacerdote. El joven Ananías que, como dijimos, recibió el sumo sacerdocio, era hombre de carácter severo y notable valor. Pertenecía a la secta de los saduceos que comparados con los demás judíos son inflexibles en sus puntos de vista, como antes indicamos. Siendo Ananías de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió al Sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, cuyo nombre era Jacobo, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados. Pero los habitantes de la ciudad, más moderados y afectos a la ley, se indignaron. A escondidas enviaron mensajeros al rey, pidiéndole que por carta exhortara a Ananías a que, en adelante, no hiciera tales cosas, pues lo realizado no estaba bien. Algunos de ellos fueron a encontrar a Albino, que venía de Alejandría; le pidieron que no permitiera que Ananías, sin su consentimiento, convocara al Sanedrín. Albino, convencido, envió una carta a Ananías, en la cual lleno de indignación le anunciaba que tomaría venganza con él. Luego el rey Agripa, habiéndole quitado el sumo sacerdocio, que ejerció durante tres meses, nombró a Jesús hijo de Damneo sumo sacerdote.

—Flavio Josefo, Antigüedades judías, libro 20, capítulo 9.2

Por otro lado, Flavio Josefo también nombra a Juan el Bautista, personaje clave en los evangelios pues con él, Jesús inicia su actividad mesianica:

Existe información sobre Juan el Bautista en Antigüedades judías (libro XVIII, capítulo 5, 2) de Flavio Josefo (37-100). Esta viene a confirmar que Juan fue decapitado por orden de Herodes Antipas, indicando que esto tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte:

En la actualidad, algunos de los judíos piensan que la destrucción del ejército de Herodes vino de Dios, y que fue muy justa, como un castigo por lo que hizo en contra de Juan, que fue llamado el Bautista: porque Herodes mató a quien era un buen hombre y comandaba la ira de los judíos, hubo justicia por ambas partes, y piedad hacia Dios, y así se iba al bautismo; para que el lavado [con agua] fuese aceptable para él, si se hacía uso de ella, no para quitar algunos pecados, sino para la purificación del cuerpo, en el caso de que el alma se haya purificado de antemano con la justicia. Ahora, cuando otros llegaban en tropel alrededor suya, porque estaban gratamente complacidos al oír sus palabras, Herodes, que estaba asustado por la gran influencia que tenía sobre el pueblo para ponerlo de su parte e iniciar una rebelión (porque ellos estaban dispuestos a hacer cualquier cosa que él les aconsejase) pensó que lo mejor era llevarlo a la muerte, para evitar cualquier daño que pudiera causar, y que lo le trajera dificultades, y ahorrarse a un hombre que podía hacer que ocurrieran y que se arrepintiera cuando fuera demasiado tarde. En consecuencia, fue enviado como prisionero, lejos del temperamento suspicaz de Herodes, a Maqueronte, el castillo antes mencionado, y allí fue condenado a muerte. Ahora los judíos opinaban que este ejército fue enviado como castigo a Herodes, y que es un signo del desagrado que Dios siente hacia él

Suetonio

  • Otra mención a Jesús en las fuentes clásic as la encontramos en Suetonio
    Advertisement
    . Aún joven durante el reinado de Domiciano (81-96 d. J. C.), Suetonio ejerció la función de tribuno durante el de Trajano (98-117 d. J. C.) y la de secretario ab epistulis en el de Adriano (117-138), cargo del que fue privado por su mala conducta. En su Vida de los Doce Césares (Claudio XXV), Suetonio menciona una medida del emperador Claudio encaminada a expulsar de Roma a unos judíos que causaban tumultos a causa de un tal «Cresto»

Plinio el Joven

  • Una última referencia en la historia clásica la hallamos en Plinio el Joven (61-114 d. J. C.). Gobernador de Bitinia bajo Trajano, Plinio menciona a los cristianos en el décimo libro de sus cartas (X, 96, 97). Por sus referencias, sabemos que consideraban Dios a Cristo y que se dirigían a él con himnos y oraciones. Gente pacífica, pese a los maltratos recibidos en ocasiones por parte de las autoridades romanas, no dejaron de contar con abandonos en sus filas.

La carta de Mara Bar Serapión

La particularidad de esta carta, la cual se encuentra en los archivos de la enciclopedia británica, es que el autor, de origen sirio, la escribió desde la cárcel hacia su hijo pidiéndole la búsqueda de la sabiduría. Para ello pone tres ejemplos a seguir. Sócrates, Pitágoras y el Rey Sabio de los Judíos condenado por su pueblo. Para mi no hay duda de quien es este tercer sabio, teniendo en cuenta el contexto y la datación de la carta (finales del siglo I, aunque hay discordancias).

Extracto de la carta de Mara Bar Serapión

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.

De nuevo, sobre la linea que separa lo histórico con lo religioso nos encontramos con el Talmud, que desde el punto de vista de un historiador no se puede obviar, algunos ejemplos son:

En el Talmud se afirma que Jesús realizó milagros. Ciertamente, insiste en que eran fruto de la hechicería (Sanh. 107; Sota 47b; J. Hag. II, 2) pero no los niega ni los relativiza. De la misma manera, se reconoce la respuesta favorable que obtuvo en ciertos sectores del pueblo judío —un dato proporcionado también por Josefo— al señalar que sedujo a Israel (Sanh. 43 a).

Los Evangelios señalan que en el inicio del proceso que culminaría con la crucifixión de Jesús hubo una acción de una parte de las autoridades judías que le consideraban un extraviador. El dato es efectivamente repetido por el Talmud que incluso atribuye toda la responsabilidad de la ejecución en exclusiva a esas autoridades y que señala que lo colgaron —una referencia a la cruz— la víspera de Pascua (Sanh. 43 a).

Aún de mayor interés son los datos que nos proporcionan las fuentes rabínicas sobre la enseñanza y las pretensiones de Jesús. En armonía con distintos pasajes de los Evangelios, el Talmud nos dice que Jesús se proclamó Dios e incluso se señala que anunció que volvería por segunda vez (Yalkut Shimeoni 725).

Este enfrentamiento entre la interpretación de la Torah propia de Jesús y la de los fariseos explica, por ejemplo, que algún pasaje del Talmud llegue incluso a representarlo en el otro mundo condenado a permanecer entre excrementos en ebullición (Guit. 56b-57a). Con todo, debe señalarse que este juicio denigratorio no es unánime y así, por ejemplo, se cita con aprecio alguna de las enseñanzas de Jesús (Av. Zar. 16b-17a; T. Julin II, 24).

El Toledot Ieshu, una obra judía anticristiana, cuya datación general es medieval pero que podría contener materiales de origen anterior, insiste en todos estos mismos aspectos denigratorios de la figura de Jesús, aunque no se niegan los rasgos esenciales presentados en los Evangelios sino que se interpretan bajo una luz distinta.

Jesús histórico

Podemos decir que el Talmud es varios siglos posterior a los evangelios pero es cierto que recoge una tradición oral más antigua.

El grafito de Alexámenos

El grafito de Alexámenos (conocido también como grafito del Palatino) es un grafiti encontrado en un muro en el monte Palatino, en Roma. Se lo considera la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. Se conserva en el Museo Antiquarium Forense o Antiquarium Palatino de Roma.

Jesús histórico
Primera representación de la crucifixión

La imagen representa a un hombre crucificado con cabeza de burro. A la izquierda hay otro hombre que levanta una mano. Bajo la cruz hay una leyenda escrita en griego. Αλεξαμενοϲ ϲεβετε θεον (Alexámenos sébete theón). En griego estándar ϲεβετε es el imperativo plural del verbo «adorar», lo que daría como traducción «Alexámenos. ¡Adorad a dios!».1​ Sin embargo, dado que Alexámenos está en nominativo y no en vocativo y que la escritura griega coloquial solía conllevar numerosas inconsistencias vocálicas,1​ la mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que ϲεβετε es una variante de σέβεται, lo que daría la traducción «Alexámenos adora a [su] dios». Varias otras fuentes sugieren que el significado pretendido de la frase se traduciría mejor como «Alexámenos adorando a su dios» u otras variantes similares.

También nos encontramos una réplica a la frase diciendo «Alexámenos es fiel».

Conclusión:

A la luz de todos estos datos, considero que es innegable la existencia del personaje histórico, que posteriormente pasó a la historia como Jesucristo. Seguramente, el historiador serio sabrá separar la paja religiosa y encontrará datos más que suficientes para concluir la existencia del personaje histórico, sin entrar en más detalles de otra naturaleza. Pero está claro que existen otros puntos de vista y líneas de investigación que no concuerdan con la nuestra. Aunque, por el momento, desconozcamos pruebas de ellas.

¿Por qué hay gente que sigue pensando que Jesús no existió?

Pues existen varios motivos que no son baladíes, sobre todo si nos basamos en los historiadores de la época:

Filón de Alejandría fue un historiador judío contemporáneo de Jesús, el cual relata que iba a Jerusalén todos los años por la pascua. Sin duda, si Jesús armó el revuelo que armó y fue crucificado ¿No es raro que este autor no escribiera nada sobre él? Según los evangelios sinópticos, Jesús fue una vez a la pascua judía, según Juan, fue tres veces. Es raro que Filón no hable de él.

Justo de Tiberíades fue otro historiador Galileo como Jesús. Nació justo después que él y no nos ha llegado nada sobre el Jesús histórico. Si bien es verdad que lo legado por Justo son solo anotaciones que otros autores hacen sobre él, pues sus libros no han sobrevivido hasta nuestra época.

Flavio Josefo, no incluye a Jesús en la lista de «falsos mesías», entonces ¿Acaso pensaba Flavio Josefo que Jesús era el Mesías? No. Sabemos de sobra que no. Entonces… ¿Es real la información que proporciona?

Advertisement