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Descifrando Enigmas

¿Existió realmente Jesús de Nazaret?

Jesús de Nazaret

Son muchas las personas que dudan de la existencia del Jesús histórico, es decir, de la persona sobre la que se fundó el cristianismo y que, más tarde, pasó a llamarse Jesucristo. Esta tesis es poco sostenible, es decir, es más difícil demostrar su no existencia que su existencia. Entre otras cosas porque hoy día el cristianismo está extendido por todo el mundo y esta es la prueba más fehaciente de que Jesucristo existió. Sin él no existiría el cristianismo.

Además tenemos los evangelios, no solo los canónicos sino también las decenas de apócrifos. Además tenemos los hechos de los apóstoles y las innumerables cartas y demás que componen el nuevo testamento.

Pero supongamos que nada de esto nos vale debido a la indudable mezcla de religión con historia que llevan implícitos estos datos.

¿Qué otras pruebas sobre el Jesús histórico tenemos que no sean religiosas?

Si nos ceñimos exclusivamente a lo histórico tenemos:

Tácito, Anales 15,44,3 (hacia el 115 d.C.) :

“Para cortar los rumores (de que él había incendiado Roma), Nerón señaló como culpables, y castigó con la mayor crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios a los que la turba llamaba cristianos. [[Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato]], y la perniciosa superstición fue contenida durante algún tiempo, pero volvió a brotar de nuevo, no sólo en Judea, patria de aquel mal, sino en la misma capital (Roma), donde todo lo horrible y vergonzoso que hay en el mundo se junta y está de moda”.

Antonio Piñero (experto sobre la figura del Jesús histórico) comenta:

Personalmente pienso que las frases marcadas con paréntesis cuadrados son una glosa o añadido, porque interrumpen el flujo del discurso de lo que escribe Tácito. Si se eliminan, fluye mejor el texto del historiador

Tácito es el único escritor romano que cita a Pilato. La parte del libro V, que debería contener los hechos acaecidos durante los años 29, 30 y parte del 31 d.C. se ha perdido. Que se haya perdido exactamente este periodo es altamente sospechoso. Además, también han desaparecido las últimas páginas de la obra ‘Historias romanas’, escrita por Veleyo Patérculo (19 a.e.c.-31 e.c.), que trataba igualmente del reinado de Tiberio entre los años 29-30. Estos hechos impulsan a que algunos especialistas sospechen que fueron eliminadas a propósito, para ocultar alguna información inaceptable para el cristianismo. Si así fuese – cosa que no podemos saber –, podría haber sido no tanto para esconder a un personaje que no fue citado, como para ocultar a un Jesús diferente al que el cristianismo de Pablo daba a entender. Si eso fue así, se puede presuponer de qué manera dos autores romanos – Tácito y Patérculo – habrían considerado la muerte de Jesús en la cruz, ya que esta era una muerte reservada mayoritariamente a los criminales contra el Estado.

Flavio Josefo o Testimonium Flavianum

Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado Cristo”:

En Antigüedades de los judíos 18,63, se halla el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús. Eliminando las interpolaciones de los escribas cristianos, Josefo afirmaría:

“Por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C.) vivió Jesús, un hombre sabio; realizó hechos sorprendentes Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Pilato, después de haber oído que la acusación de los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado. La secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.

Antonio Piñero comenta:

Creo que es razonable admitir este testimonio, sobre todo:

  1. porque ni siquiera es neutro el análisis delas palabras griegas que emplea Flavio Josefo –las mismas que cuando habla de insurrectos– lleva a pensar que está dibujando a un sedicioso a los ojos del Imperio
  2. porque la mención de Jesús está incluida en una lista de personajes nefastos para Israel, ya que con su predicación del reino de Dios afianzaba la temperatura extremada del sentimiento apocalíptico y de la intervención final divina para liberar a Israel, de modo que Jesús contribuyó decisivamente a fomentar el espíritu que llevó a la catastrófica guerra contra Roma del 66-70.

La sorpresa de Orígenes (Contra Celso 1,47), autor cristiano de la primera mitad del s.III, de que Josefo no afirmara que Jesús era el mesías, significaría que él había leído el texto pero no la interpolación que, en su época, aún no se habría dispuesto. (Algunos expertos sostienen que Eusebio de Cesarea, que vivió un siglo después que él, como posible interpolador). A lo sumo, Josefo afirmaría que era Jesús quien se creía el mesías. Josefo, pues, hubo de mantenerse más bien “neutral”, dado que si se hubiera mostrado negativo, entonces Orígenes le habría atacado.

Vermes y otros autores señalaron que si el texto de Josefo hubiese sido claramente peyorativo, los cristianos lo hubieran suprimido. Es posible, pero cuando escribió Orígenes los cristianos no disponían entonces de tal poder, pues su religión distaba entonces mucho de ser la oficial del Imperio. De todas formas, la mayor parte de las obras de Orígenes se han perdido debido a la controversia que generaron algunas de sus ideas.

Que ningún autor hubiera citado el testimonio flaviano antes que Eusebio de Cesarea en el s.IV, podría deberse a que el pasaje, que todavía no contaba con las interpolaciones cristianas, era tenido más bien por negativo y no habría razones para citarlo. – En el contexto inmediato del testimonio flaviano encontramos que Josefo describe a otros personajes que son “sediciosos” o bien “hombres perversos”, y la frase siguiente al texto de Jesús es: “por la misma época los judíos sufrieron otra tribulación”. Es difícil imaginar que un autor cristiano que hubiera creado ese pasaje lo hubiera situado precisamente allí.

Eliminando las interpolaciones, el texto funciona bien. En todo caso, lo único que no queda claro es el motivo de la crucifixión; hecho que, o bien Josefo pudo dar por sobreentendido – la crucifixión era para sediciosos y esclavos rebelados –, o bien el supuesto interpolador lo eliminó, para no mostrar a Jesús como un sedicioso contra Roma(?). – En la ‘Historia Universal’ de Agapio de Hierápolis – obra recopilatoria escrita en árabe por este obispo cristiano del s.X –, aparece el texto de Josefo pero con las interpolaciones suavizadas, acercándose tal vez bastante al texto que pudo haber sido original.

Citándose por ejemplo, que Jesús “fue un hombre”, “quizás el Mesías”, o que fueron los discípulos los que “contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión.” Tampoco se menciona que Jesús hiciera milagros o que fuera crucificado “instigado por las autoridades de nuestro pueblo”. Este texto podría avalar la existencia del testimonio, ya fuera como una copia de Josefo que no llegó a ser manipulada por el censor cristiano, o bien que sí lo fue, pero matizada. Esta última es la opción escogida por el erudito lingüista Schlomo Pines, quien estudió el texto. Debe añadirse que la validez de las fuentes de Agapio así como el contexto histórico en el que la obra fue redactada, han sido cuestionados. Finalmente, se considera, en general, que el lenguaje del testimonio flaviano es del estilo de Josefo.

También tenemos otro texto con polémica y es el siguiente:

En Antigüedades judías (libro 20, capítulo 9, 1) Josefo se refiere a la lapidación de «Jacobo el hermano de Jesús» por orden de Ananías ben Ananías, un Sumo Sacerdote de la era herodiana.El Jacobo al que este pasaje se refiere es muy probablemente Jacobo, el primer obispo de Jerusalén, también llamado Jacobo el Justo en la literatura cristiana, y al que le ha sido atribuida Epístola de Santiago. Recordemos que Santiago y Jacobo son el mismo nombre.

Los detractores de este texto argumentan que la interpolación es “quien era llamado Cristo”.

El texto completo es el siguiente:

Informado el César de la muerte de Festo, envió a Albino como procurador de Judea. El rey privó del pontificado a José, y lo concedió a Ananías hijo de Ananías. Según se dice, el anciano Ananías fue un hombre de muchísima suerte; tuvo cinco hijos, y dio la casualidad de que los cinco obtuvieran el sumo sacerdocio de Dios, siendo el primero que por mucho tiempo disfrutó de esta dignidad. Tal caso no se dio anteriormente con ningún otro sumo sacerdote. El joven Ananías que, como dijimos, recibió el sumo sacerdocio, era hombre de carácter severo y notable valor. Pertenecía a la secta de los saduceos que comparados con los demás judíos son inflexibles en sus puntos de vista, como antes indicamos. Siendo Ananías de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió al Sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, cuyo nombre era Jacobo, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados. Pero los habitantes de la ciudad, más moderados y afectos a la ley, se indignaron. A escondidas enviaron mensajeros al rey, pidiéndole que por carta exhortara a Ananías a que, en adelante, no hiciera tales cosas, pues lo realizado no estaba bien. Algunos de ellos fueron a encontrar a Albino, que venía de Alejandría; le pidieron que no permitiera que Ananías, sin su consentimiento, convocara al Sanedrín. Albino, convencido, envió una carta a Ananías, en la cual lleno de indignación le anunciaba que tomaría venganza con él. Luego el rey Agripa, habiéndole quitado el sumo sacerdocio, que ejerció durante tres meses, nombró a Jesús hijo de Damneo sumo sacerdote.

—Flavio Josefo, Antigüedades judías, libro 20, capítulo 9.2

Por otro lado, Flavio Josefo también nombra a Juan el Bautista, personaje clave en los evangelios pues con él, Jesús inicia su actividad mesianica:

Existe información sobre Juan el Bautista en Antigüedades judías (libro XVIII, capítulo 5, 2) de Flavio Josefo (37-100). Esta viene a confirmar que Juan fue decapitado por orden de Herodes Antipas, indicando que esto tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte:

En la actualidad, algunos de los judíos piensan que la destrucción del ejército de Herodes vino de Dios, y que fue muy justa, como un castigo por lo que hizo en contra de Juan, que fue llamado el Bautista: porque Herodes mató a quien era un buen hombre y comandaba la ira de los judíos, hubo justicia por ambas partes, y piedad hacia Dios, y así se iba al bautismo; para que el lavado [con agua] fuese aceptable para él, si se hacía uso de ella, no para quitar algunos pecados, sino para la purificación del cuerpo, en el caso de que el alma se haya purificado de antemano con la justicia. Ahora, cuando otros llegaban en tropel alrededor suya, porque estaban gratamente complacidos al oír sus palabras, Herodes, que estaba asustado por la gran influencia que tenía sobre el pueblo para ponerlo de su parte e iniciar una rebelión (porque ellos estaban dispuestos a hacer cualquier cosa que él les aconsejase) pensó que lo mejor era llevarlo a la muerte, para evitar cualquier daño que pudiera causar, y que lo le trajera dificultades, y ahorrarse a un hombre que podía hacer que ocurrieran y que se arrepintiera cuando fuera demasiado tarde. En consecuencia, fue enviado como prisionero, lejos del temperamento suspicaz de Herodes, a Maqueronte, el castillo antes mencionado, y allí fue condenado a muerte. Ahora los judíos opinaban que este ejército fue enviado como castigo a Herodes, y que es un signo del desagrado que Dios siente hacia él

Autores Romanos

Suetonio

  • Otra mención a Jesús en las fuentes clásicas la encontramos en Suetonio. Aún joven durante el reinado de Domiciano (81-96 d. J. C.), Suetonio ejerció la función de tribuno durante el de Trajano (98-117 d. J. C.) y la de secretario ab epistulis en el de Adriano (117-138), cargo del que fue privado por su mala conducta. En su Vida de los Doce Césares (Claudio XXV), Suetonio menciona una medida del emperador Claudio encaminada a expulsar de Roma a unos judíos que causaban tumultos a causa de un tal «Cresto»

Plinio el Joven

  • Una última referencia en la historia clásica la hallamos en Plinio el Joven (61-114 d. J. C.). Gobernador de Bitinia bajo Trajano, Plinio menciona a los cristianos en el décimo libro de sus cartas (X, 96, 97). Por sus referencias, sabemos que consideraban Dios a Cristo y que se dirigían a él con himnos y oraciones. Gente pacífica, pese a los maltratos recibidos en ocasiones por parte de las autoridades romanas, no dejaron de contar con abandonos en sus filas.

Otros autores:

La carta de Mara Bar Serapión

La particularidad de esta carta, la cual se encuentra en los archivos de la enciclopedia británica, es que el autor, de origen sirio, la escribió desde la cárcel hacia su hijo pidiéndole la búsqueda de la sabiduría. Para ello pone tres ejemplos a seguir. Sócrates, Pitágoras y el Rey Sabio de los Judíos condenado por su pueblo. Para mi no hay duda de quien es este tercer sabio, teniendo en cuenta el contexto y la datación de la carta (finales del siglo I, aunque hay discordancias).

Extracto de la carta de Mara Bar Serapión

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.

El Talmud y Jesús de Nazaret

De nuevo, sobre la linea que separa lo histórico con lo religioso nos encontramos con el Talmud, que desde el punto de vista de un historiador no se puede obviar, algunos ejemplos son:

El Talmud contiene numerosos pasajes relativos a la vida de Jesús y algunos hacen referencia a su nacimiento, relatando la historia de Pantera, un soldado romano que pudo ser el padre de Jesús  (Talmudb, tratado Shabbat 104), y a su madre María (Talmudb, tratado Hag 4), que aparece como peluquera y maestra de niños. Con respecto a Pantera, parece que la historia proviene originalmente de Celso, y aparecería en su tratado del siglo II Discurso verdadero, olvidado en la historia. Solamente podemos acceder a él gracias a la polémica respuesta de Orígenes a la obra, titulada Contra Celso y escrita a mediados del siglo III e. c.

Aún de mayor interés son los datos que nos proporcionan las fuentes rabínicas sobre la enseñanza y las pretensiones de Jesús. En armonía con distintos pasajes de los Evangelios, el Talmud nos dice que Jesús se proclamó Dios e incluso se señala que anunció que volvería por segunda vez (Yalkut Shimeoni 725).

Este enfrentamiento entre la interpretación de la Torah propia de Jesús y la de los fariseos explica, por ejemplo, que algún pasaje del Talmud llegue incluso a representarlo en el otro mundo condenado a permanecer entre excrementos en ebullición (Guit. 56b-57a). Con todo, debe señalarse que este juicio denigratorio no es unánime y así, por ejemplo, se cita con aprecio alguna de las enseñanzas de Jesús (Av. Zar. 16b-17a; T. Julin II, 24).

En el Talmud se afirma que Jesús realizó milagros. Ciertamente, insiste en que eran fruto de la hechicería (Sanh. 107; Sota 47b; J. Hag. II, 2) pero no los niega ni los relativiza. De la misma manera, se reconoce la respuesta favorable que obtuvo en ciertos sectores del pueblo judío —un dato proporcionado también por Josefo— al señalar que sedujo a Israel (Sanh. 43 a).

Los Evangelios señalan que en el inicio del proceso que culminaría con la crucifixión de Jesús hubo una acción de una parte de las autoridades judías que le consideraban un extraviador. El dato es efectivamente repetido por el Talmud que incluso atribuye toda la responsabilidad de la ejecución en exclusiva a esas autoridades y que señala que lo colgaron —una referencia a la cruz— la víspera de Pascua (Sanh. 43 a).

“En la víspera de la fiesta de Pascua fue colgado Jesús. Cuarenta días antes el heraldo había pregonado: “Lo sacarán para ser lapidado porque ha practicado la hechicería y ha incitado a Israel a la apostasía. Todo el que pueda alegar algo en su favor, que se presente y abogue por él”. Pero si nada se presenta a su favor, será colgado en víspera de la fiesta de Pascua.” (Talmud Babilónico, Sanedrín 43a).

En este pasaje se cita a Jesús de forma negativa, pero se cita en cualquier caso, para demostrar que los judíos no dudaban ya entonces de la existencia histórica de este personaje. Otra cosa es cómo lo entendieron. Tampoco negaron que él hubiese manifestado cierta actividad taumatúrgica,  unque ellos la interpretaran como hechicería. Finalmente, remarcar que al igual que el evangelista Juan, también señalaron la ejecución de Jesús en la víspera de la pascua (Jn 19,14); aunque fuese por lapidación (sentencia a muerte judía) y no por crucifixión (sentencia a muerte romana). Como afirma el profesor Peláez, “es opinión bastante extendida que este texto es una deformación polémica de la tradición cristiana, apareciendo Jesús como mago, seductor, y agitador político, con la finalidad de justificar su condena.”

El Toledot Ieshu

El Toledot Ieshu, una obra judía anticristiana, cuya datación general es medieval pero que podría contener materiales de origen anterior, insiste en todos estos mismos aspectos denigratorios de la figura de Jesús, aunque no se niegan los rasgos esenciales presentados en los Evangelios sino que se interpretan bajo una luz distinta.

Jesús histórico

Podemos decir que el Talmud es varios siglos posterior a los evangelios pero es cierto que recoge una tradición oral más antigua.

Arqueología sobre Jesús de Nazaret

En este apartado citaremos una vasija de cerámica rescatada por la arqueología submarina en la costa de Alejandría, en julio de 2008, y con una datación estimada de mediados s.I. Contiene la inscripción “por Crestos el mago”. Pocas son las posibilidades de que aluda al Nazareno pues, aunque Alejandría era un punto internacional de comunicación, la figura de Jesús, veinte años después de su muerte, difícilmente podía ser conocida allí. De la comunidad cristiana en Alejandría no tenemos noticias hasta avanzado el s.II., y como muy temprano tendríamos que tomar la referencia de la diáspora después de la destrucción del templo de Jerusalén.

El grafito de Alexámenos

El grafito de Alexámenos (conocido también como grafito del Palatino) es un grafiti encontrado en un muro en el monte Palatino, en Roma. Se lo considera la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. Se conserva en el Museo Antiquarium Forense o Antiquarium Palatino de Roma.

Jesús histórico
Primera representación de la crucifixión

La imagen representa a un hombre crucificado con cabeza de burro. A la izquierda hay otro hombre que levanta una mano. Bajo la cruz hay una leyenda escrita en griego. Αλεξαμενοϲ ϲεβετε θεον (Alexámenos sébete theón). En griego estándar ϲεβετε es el imperativo plural del verbo «adorar», lo que daría como traducción «Alexámenos. ¡Adorad a dios!».1​ Sin embargo, dado que Alexámenos está en nominativo y no en vocativo y que la escritura griega coloquial solía conllevar numerosas inconsistencias vocálicas,1​ la mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que ϲεβετε es una variante de σέβεται, lo que daría la traducción «Alexámenos adora a [su] dios». Varias otras fuentes sugieren que el significado pretendido de la frase se traduciría mejor como «Alexámenos adorando a su dios» u otras variantes similares.

También nos encontramos una réplica a la frase diciendo «Alexámenos es fiel».

El edicto de Nazaret

Tabla de mármol con una inscripción en griego. Correspondería a un edicto del César prescribiendo la pena capital para los violadores de tumbas, datada en la primera mitad del s.I. La Frohner Collection, primera propietaria de la pieza (luego pasó a la Biblioteca Nacional de París), asegura que la tenía catalogada como procedente de Nazaret – aunque no indicaba que fuese allí encontrada – en 1878. Se ha argumentado que podría indicar que, ya en esa época, los primeros cristianos predicaban la resurrección de Jesús y las autoridades romanas habían reaccionado así ante posibles ladrones de tumbas, basándose en el rumor de que los seguidores de Jesús habían robado su cuerpo. Nazaret, que pertenece a Galilea, no pasó a dominio efectivo romano hasta la muerte del rey Agripa I (44 e.c.), pero podría proceder también de otros lugares bajo dominio imperial, como Samaria o la decápolis. Se ha sugerido que la inscripción podría ser de la época del emperador romano Claudio, quien gobernó el Imperio del 41 al 54, pero también podría ser anterior, tal vez de época de Tiberio (17-37), lo que haría aún más difícil su procedencia de Nazaret.

Relicarios de Juan el Bautista

Aunque no se trate de Jesús de Nazaret, es interesante citarlo aquí por su novedad y porque los restos han podido ser analizados, el descubrimiento de un pequeño sarcófago de mármol que contenía 6 huesos humanos (entre ellos un hueso de la mano derecha y un diente) y 3 huesos animales. El hallazgo, de la mano del arqueólogo K. Popkonstantinov, se produjo en 2010, bajo el altar de la Iglesia de Sveti Ivan (San Juan), en la isla homónima del mar Negro, al NW de Estambul. Esta isla pertenece hoy a Bulgaria, un país de fuerte tradición cristiana ortodoxa. La datación por carbono 14 fechó los restos en el s.I, y la secuenciación del ADN indicó que pertenecían a un hombre de unos cuarenta años y del medio oriente. (Los restos animales son más antiguos y no queda clara su presencia, a no ser, tal vez, para aumentar el relicario). El sarcófago contenía a su vez una cajita muy pequeña, hecha de tova, y con una inscripción identificativa.

Los manuscritos de Qumrán

Aunque los manuscritos de esta secta esenia no tengan mucho que ver con Jesús, existe un hallazgo sorprendente. Resulta que uno de los fragmentos encontrados en la cueva 7 de Qumran, el papiro número 5 (“7Q5” para los amigos), parece que corresponde a un pedacito del evangelio de Marcos (los hallazgos de Qumran han sido fechados máximo hasta el año 60 d.C.; no hay escritos de fecha posterior). Esta teoría la propuso nada más y nada menos que un erudito jesuita español, miembro del muy reconocido Pontificio Instituto Bíblico de Roma, el Padre José O’Callaghan, en 1972; quien aseguraba que el fragmento “7Q5” corresponde a los versículos 52 y 53 del capítulo 6 del Evangelio de Marcos.

Existen muchas objeciones a este descubrimiento, Pero para desbaratarlas, el Padre O’Callaghan recurrió al matemático Albert Dou, miembro de la Academia de Ciencias de España, quien, con la ayuda de software estadístico, calculó la probabilidad que exista otro texto en griego con el mismo número de espacios y letras que el 7Q5, distribuidos en líneas de 20 a 23 letras. El matemático efectuó pruebas bajo diferentes escenarios. La probabilidad resultó ser de una en más de mil millones.

¿Qué hacía ese relato en Qumran?. ¿Será que lo escribió un Esenio?. ¿Marcos tuvo algo que ver con los Esenios?. Para mi es mucho más fácil pensar que sí. Lo inobjetable es que cuando ‘alguien’ estaba escribiendo ese papiro, quizás no habían pasado ni 20 años de la crucifixión de Jesucristo. Hoy también sabemos, a ciencia cierta, que las conocidas Bienaventuranzas se citaban en las invocaciones de los Esenios mucho tiempo antes de Cristo, según los hallazgos en los afamados Rollos del Mar Muerto.

Conclusión:

A la luz de todos estos datos, considero que es innegable la existencia del personaje histórico, que posteriormente pasó a la historia como Jesucristo. Seguramente, el historiador serio sabrá separar la paja religiosa y encontrará datos más que suficientes para concluir la existencia del personaje histórico, sin entrar en más detalles de otra naturaleza. Pero está claro que existen otros puntos de vista y líneas de investigación que no concuerdan con la nuestra. Aunque, por el momento, desconozcamos pruebas de ellas.

¿Por qué hay gente que sigue pensando que Jesús no existió?

Pues existen varios motivos que no son baladíes, sobre todo si nos basamos en los historiadores de la época:

El investigador E. Remsburg, aporta una larga lista de cuarenta escritores que vivieron durante los siglos I y II[. Unos diez de ellos no sólo estaban bien informados sobre Palestina, sino que vivían allí o la visitaron durante el período en que debería ser imposible ignorar a Jesús o, en particular, a sus seguidores y a los supuestos relatos que incluían lo que, indudablemente, se contaría de los llamativos acontecimientos referidos en los evangelios, además del surgimiento de una nueva creencia en el corazón de Palestina

Según Remsburg: «se conservan bastantes escritos de los autores nombrados en la lista precedente como para reunir una biblioteca. Sin embargo, en esta masa de literatura judía y pagana, aparte de dos pasajes falsificados en los trabajos de un autor judío, y dos pasajes discutidos en los trabajos de escritores romanos, no se encuentra ninguna mención a Jesucristo». Tampoco hacen referencia a sus discípulos o apóstoles fundadores del cristianismo…

Filón de Alejandría fue un historiador judío contemporáneo de Jesús, el cual relata que iba a Jerusalén todos los años por la pascua. Sin duda, si Jesús armó el revuelo que armó y fue crucificado ¿No es raro que este autor no escribiera nada sobre él? Según los evangelios sinópticos, Jesús fue una vez a la pascua judía, según Juan, fue tres veces. Es raro que Filón no hable de él.

Justo de Tiberíades fue otro historiador Galileo como Jesús. Nació justo después que él y no nos ha llegado nada sobre el Jesús histórico. Si bien es verdad que lo legado por Justo son solo anotaciones que otros autores hacen sobre él, pues sus libros no han sobrevivido hasta nuestra época.

Flavio Josefo, no incluye a Jesús en la lista de «falsos mesías», entonces ¿Acaso pensaba Flavio Josefo que Jesús era el Mesías? No. Sabemos de sobra que no. Entonces… ¿Es real la información que proporciona?

¿Por qué no hay más textos sobre Jesús de Nazaret?

La respuesta podría se la siguiente: Los archivos de Jerusalén, que podían contener información sobre Jesús o sus
discípulos se destruyeron con las guerras judeorromanas, y que tampoco han llegado archivos romanos sobre el
proceso de Pilato a Jesús.

Fuentes:

  • Yeshúa bar Yosef. Jesús de Nazaret visto a través de la historia de Jon Codina.
  • El zelote: La vida y la época de Jesús de Nazaret de Reza Aslan.
  • TRAS LAS HUELLAS DEL JESUS HISTORICO: Incansable búsqueda por desvelar enigmas, misterios y
    segmentos incompletos de la vida de Jesus de Nazareth de Bobby Mustang
  • El caso de Cristo: Una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús de Lee Strobel
  • La fe de Jesús en el judaísmo de su tiempo de Fernando Rivas Rebaque, Olga Ruiz Morell, Francisco Javier Velasco Arias, Carlos Gil Arbiol, Rafael Aguirre Monasterio, José Antonio Badiola Saenz de Ugarte
  • Qué se sabe de… Jesús de Nazaret de Carlos Javier Gil Arbiol
  • El otro legado de Jesús de Joaquín Riera
  • Apuntes sobre Jesús y el cristianismo: ¿Existió Jesús? ¿Qué sabemos actualmente acerca de él? de José Manuel Barreda Arias, Nuria Pazos Gómez