La historia de Tutmosis III y la batalla de Megido

Tutmosis

Cuando Tutmosis III comenzó con su primera misión, la primera de las 16 campañas que realizó durante 20 años, consiguió que se le recordara durante toda la posteridad. Con una decisión sin precedentes en la historia, pasó a inaugurar los textos históricos y se convirtió en leyenda. Este texto se encuentra en las paredes del templo de Amón en Karnak en Egipto.

La batalla de Megido

Esta hazaña está datada en el año 1479 a.C. y se sitúa en Megido contra los jefes rebeldes de esta zona de Canán. Además, como decíamos anteriormente, esta es la primera batalla conocida cuyos detalles y pormenores se dejaron de forma escrita, seguramente en los diarios de campaña para, más tarde, hacerlo público para todos aquellos que no estuvieron presentes.

Sin duda, estos son los comienzos de la publicidad, como sabemos que ocurrió también con Ramsés II y la batalla de Qadesh y muchos otros reyes antiguos. Sin embargo, esta historia es fascinante...

Según la inscripción del templo, Tutmosis marchó con sus hombres en dirección norte, desde Egipto, durante 10 largos días, hasta que llegó a una localidad llamada Tehem. Una vez allí, se detuvo para celebrar una asamblea de guerra y decidir el mejor modo de asaltar la ciudad fortificada de Megido y todos los campamentos adyacentes que se habían levantado "ad hoc". En estos asentamientos se encontraban los gobernantes cananeos que habían realizado una sublevación contra el faraón desde el momento que subió al trono.

Desde Yehem, había tres rutas para llegar a Megido:

  1. Una ruta por el norte, que salía al valle de Jezreel, cerca de Yokneam.
  2. Una ruta por el sur, que desembocaba en el mismo valle pero cerca de Ta'anach.
  3. Una ruta central, que conducía directamente hasta Megido.

Sus generales le aconsejaron tomar o bien la ruta norte o bien la ruta sur, porque eran más amplias y estaban menos expuestas a posibles emboscadas. Sin embargo, Tutmosis no estaba de acuerdo, puesto que llegó a la siguiente conclusión: Las rutas aconsejadas por sus generales serían las que sus enemigos pensarían que escogerían. Por lo que concluyó que si escogía la ruta central (la más estrecha y peligrosa) cogería por sorpresa a los defensores de Megido. Es decir, si lo más inteligente era ir por las rutas más seguras, precisamente sería esto lo que pensarían sus enemigos, por lo tanto, al escoger lo menos seguro tendría más posibilidades de éxito.

Dicho y hecho, los egipcios tardaron unas 12 horas en atravesar el paso centrar con la esperanza de coger a los cananeos por sorpresa. No solo consiguieron atravesarlo, sino que no perdieron ni un solo hombre, ¡ninguna baja! no sufrieron ni un rasguño sin encontrarse a un solo guardián. De hecho, tampoco los hallaron ni en Megido ni en los campamentos cercanos puesto que todas las fuerzas disponibles las habían movilizado en las rutas norte y sur. A veces lo más obvio es lo menos evidente.

La predicción de Tutmosis fue todo un éxito, si bien cometió un pequeño error, puesto que permitió que sus hombres saquearan y arrasaran los campamentos enemigos antes de dirigirse a Megido. Este fallo hizo que los pocos defensores de Megido, que no eran más que ancianos, mujeres y niños, tuvieran tiempo para cerrar las puertas de la ciudad. Por ello, los egipcios necesitaron más tiempo para conquistar la ciudad, ni más ni menos que 7 meses de sitio necesitaron hasta poder tomar la fortaleza de Megido.

Como curiosidad, decir que unos tres mil cuatro cientos años más tarde, específicamente durante el mes de septiembre de 1918, durante la Primera Guerra Mundial, el general Edmund Allenby utilizó la misma táctica que Tutmosis III, y además, obtuvo el mismo resultado, un éxito rotundo. Venció en la batalla de Megido y apresó a cientos de soldados alemanes y turcos sin tener ni una sola baja mortal, más allá de unos pocos caballos. Más tarde, el general Allenby reconoció que tras leer una traducción de la historia de Tutmosis (realizada por James Breasted, arqueólogo e historiador americano, al inglés) decidió repetir la historia.

Según se dice, fue el filósofo español Jorge Santayana quien dijo "Quienes no estudian la historia, están condenados a repetirla". Pero el General Allenby introdujo un matiz, lo contrario también puede ser cierto, quienes estudian la historia pueden repetirla con éxito, si así lo deciden.

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