El objeto interestelar 3I/ATLAS continúa acumulando rasgos difíciles de encajar dentro de los modelos clásicos de cometas y asteroides. A las trece anomalías previamente documentadas se suma ahora una nueva, basada en la detección de una oscilación periódica extremadamente contenida en el chorro de su anticola, que apunta directamente hacia el Sol.

El hallazgo, publicado a mediados de diciembre de 2025 y analizado por Avi Loeb, introduce una geometría de rotación altamente improbable desde un punto de vista estadístico y físico.

¿Por qué 3I/ATLAS está experimentando aceleración no gravitacional?¿Por qué 3I/ATLAS está experimentando aceleración no gravitacional?
¿Por qué 3I/ATLAS está experimentando aceleración no gravitacional?¿Por qué 3I/ATLAS está experimentando aceleración no gravitacional?

Las observaciones realizadas durante julio y agosto de 2025 revelan que el ángulo de fase del chorro de la anticola, medido a unos 6000 kilómetros del máximo de brillo, oscila de forma periódica con un periodo de 7,74 ± 0,35 horas. Esa oscilación no se traduce en un bamboleo amplio, sino que permanece confinada dentro de un cono de menos de 8 grados.

Este detalle es clave: implica que la base del chorro está situada muy cerca de uno de los polos del eje de rotación del núcleo.

Una geometría de rotación extraordinariamente alineada

Si el chorro procede de una región activa asociada a la sublimación de hielo, como ocurre en los cometas convencionales, su comportamiento debería reflejar la rotación del núcleo. En un escenario típico, una fuente activa situada lejos del polo describe un amplio barrido angular a medida que el cuerpo gira.

En 3I/ATLAS ocurre lo contrario: el chorro apenas se mueve.

La explicación geométrica más simple es que el eje de rotación del objeto esté prácticamente alineado con la dirección del Sol, con un margen inferior a 8 grados. En ese caso, una región cercana al polo permanece continuamente iluminada cuando el objeto se encuentra a grandes distancias heliocéntricas.

Solo cerca del perihelio, cuando cambia la orientación relativa Sol–objeto, los hemisferios diurno y nocturno intercambian sus papeles.

Desde el punto de vista estadístico, esta alineación es muy poco probable. Para un eje de rotación orientado al azar en el espacio, la probabilidad de que quede alineado dentro de un cono de 8 grados respecto a la dirección del Sol es de aproximadamente 0,005. Es decir, medio punto porcentual.

Esta improbabilidad constituye la decimocuarta anomalía atribuida a 3I/ATLAS.

El comportamiento antes y después del perihelio

La situación se vuelve aún más extraña al analizar lo ocurrido tras el perihelio, que tuvo lugar el 29 de octubre de 2025. Las imágenes obtenidas posteriormente por el telescopio espacial Hubble y por varios telescopios terrestres muestran que 3I/ATLAS sigue presentando un chorro de anticola bien definido, estrecho y colimado, apuntando hacia el Sol.

Esto resulta problemático para la interpretación cometaria estándar. La región que habría generado el chorro observado en julio y agosto de 2025 se encuentra ahora, por pura geometría, en el lado nocturno del objeto. Aun así, la anticola persiste tras el perihelio.

Para salvar este obstáculo, el modelo natural exige la existencia de una segunda bolsa de hielo, situada cerca del polo opuesto del eje de rotación. Esta nueva región debería activarse justo cuando el objeto empieza a alejarse del Sol, mientras que la región previamente activa tendría que apagarse de forma eficaz.

No solo eso: ambas regiones tendrían que estar alineadas, cada una en su momento, a menos de 8 grados del polo correspondiente.

Una improbabilidad elevada al cuadrado

Aquí es donde el problema se agrava. Si la probabilidad de que una región activa esté alineada de forma tan precisa es de 0,005, la probabilidad de que existan dos regiones independientes, cada una correctamente situada en polos opuestos y activándose en fases opuestas de la órbita, es el cuadrado de ese valor: 0,000025.

En términos claros, hablamos de una probabilidad de dos coma cinco centésimas de milésima. No es imposible, pero sí extraordinariamente improbable. Y, de nuevo, se trata de una improbabilidad añadida a una lista que ya era inusualmente larga para un solo objeto interestelar.

Colimación extrema del chorro

Otro aspecto desconcertante es la colimación del chorro. Las imágenes más recientes, tomadas el 15 de diciembre de 2025, muestran que la anticola permanece estrecha y bien definida hasta distancias del orden de medio millón de kilómetros, una longitud superior a la distancia media entre la Tierra y la Luna.

En condiciones normales, un chorro de gas y polvo emitido por un núcleo pequeño debería ensancharse rápidamente debido a la presión de radiación solar y a la interacción con el viento solar, especialmente después del perihelio. En 3I/ATLAS no se observa ese ensanchamiento significativo, ni una desviación clara de la anticola lejos del Sol.

Este comportamiento plantea preguntas directas: ¿qué velocidad tiene el material expulsado?, ¿cuál es su tasa de pérdida de masa?, ¿qué mecanismo mantiene la colimación durante distancias tan grandes? Sin datos espectroscópicos detallados, las respuestas siguen abiertas.

Periodicidad y rotación del núcleo

La periodicidad observada de 7,74 horas puede interpretarse como la mitad del periodo de rotación del núcleo si el chorro procede de un único punto activo. En ese caso, el periodo de rotación completo sería de aproximadamente 15,5 horas, con un margen de error de unas siete décimas de hora.

Este valor encaja notablemente bien con estimaciones independientes realizadas en julio de 2025 a partir de la variabilidad periódica del brillo del objeto, que arrojaron un periodo de 16,16 ± 0,01 horas. La coherencia entre ambos métodos refuerza la interpretación de que el bamboleo observado está directamente relacionado con la rotación del núcleo.

Gravedad, tamaño y limitaciones físicas

Suponiendo un radio del núcleo de unos 2 kilómetros y un periodo de rotación de 15,5 horas, la aceleración centrífuga en la superficie de 3I/ATLAS sería de aproximadamente 0,0025 centímetros por segundo al cuadrado. Esta cifra es insignificante: equivale a unas 2,6 millonésimas de la gravedad terrestre.

Para que la rotación generase una aceleración comparable a 1 g, el periodo tendría que reducirse hasta aproximadamente 1,5 minutos, algo completamente incompatible con la integridad estructural de un cuerpo de este tamaño y composición. En otras palabras, la dinámica observada no puede explicarse mediante efectos centrífugos extremos.

Implicaciones

La suma de todas estas características —alineación extrema del eje de rotación, persistencia del chorro antes y después del perihelio, colimación excepcional y duplicación de regiones activas casi polares— refuerza la idea de que 3I/ATLAS es un objeto atípico incluso dentro de la ya reducida población de visitantes interestelares conocidos.

Desde una perspectiva estrictamente científica, la prioridad ahora es obtener datos espectroscópicos de alta calidad del material que compone la anticola. Conocer su composición química permitiría discriminar entre mecanismos de sublimación convencionales y procesos más exóticos. Hasta entonces, cualquier interpretación, incluida la tecnológica, permanece en el terreno de las hipótesis.

Lo que sí resulta claro es que 3I/ATLAS no se comporta como un cometa corriente y que cada nueva observación, lejos de cerrar el caso, añade capas adicionales de complejidad. Decirlo sin rodeos: si este objeto fuera un ejercicio teórico, muchos lo considerarían demasiado improbable para ser real.

Fuentes:

https://avi-loeb.medium.com
https://ui.adsabs.harvard.edu
https://arxiv.org
https://www.nature.com
https://www.science.org
https://www.spacetelescope.org
https://hubblesite.org
https://minorplanetcenter.net
https://www.iau.org
https://www.galileo-project.org

Leave A Comment