Quien nos iba a decir que a finales de 2025 iba a volver a estar de actualidad la señal Wow! un autentico enigma que hemos tratado en otro artículo. No obstante vamos a hacer un pequeño resumen. Te recomiendo que leas hasta el final, porque el universo nos trae fantásticas sorpresas.
La señal Wow!
En agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear, de la Universidad Estatal de Ohio, captó una señal de radio de una intensidad fuera de lo común. Provenía de la dirección de la constelación de Sagitario, duró apenas setenta y dos segundos y coincidía con la frecuencia de emisión natural del hidrógeno, 1420 MHz, la línea más básica y universal del cosmos.
Confirmado por un científico de Harvard: 3I/ATLAS no es normal, y su movimiento no es natural
Confirmado por un científico de Harvard: 3I/ATLAS no es normal, y su movimiento no es naturalCuando el astrónomo Jerry Ehman vio los datos impresos, escribió en el margen una sola palabra: Wow!
Casi medio siglo después, el misterio persiste. La señal nunca volvió a repetirse y ningún fenómeno natural o artificial ha conseguido explicarla de forma concluyente. En medio de este silencio, el astrofísico Avi Loeb, conocido por su estilo provocador y su defensa de buscar rastros tecnológicos de civilizaciones avanzadas, ha lanzado una nueva hipótesis: que la señal Wow!
podría haber sido emitida desde un objeto interestelar denominado 3I/ATLAS, descubierto recientemente y procedente de fuera del Sistema Solar.
La hipótesis de un visitante interestelar
Según los cálculos de Loeb, en agosto de 1977 —justo en las fechas en que se detectó la señal— el objeto 3I/ATLAS se encontraba a unas 600 unidades astronómicas del Sol. Esa distancia equivale a un tiempo de propagación de la luz de poco más de tres días.
En su artículo publicado en Medium bajo el título “Was the Wow! Signal Emitted from 3I/ATLAS?”, Loeb plantea una coincidencia inquietante: la dirección de la señal detectada por el Big Ear y la posición que habría tenido 3I/ATLAS en aquel momento se separaban solo unos pocos grados en el cielo.
La señal Wow! provenía de una zona con ascensión recta 19h25m (291°) y declinación –27°, mientras que 3I/ATLAS habría estado en RA 19h40m (295°) y declinación –19°. La diferencia angular —4° en ascensión recta y 8° en declinación— puede parecer grande, pero en astronomía no es inusual dentro del margen de incertidumbre de una detección de banda estrecha.
Loeb calcula que la probabilidad de una alineación al azar con ese grado de coincidencia sería de aproximadamente 0,6 %. No es una prueba, pero sí lo bastante sugerente como para prestar atención.
Una señal en la línea del hidrógeno
La señal Wow! fue registrada exactamente en 1420,4556 MHz, ligeramente desplazada al azul respecto a la línea del hidrógeno neutro, lo que implica que su fuente se movía hacia nosotros a unos 10 km/s. Curiosamente, el objeto 3I/ATLAS también se aproximaba al Sol en aquel momento, con una velocidad de unos 60 km/s, lo que hace compatible ese desplazamiento.
Esa coincidencia llevó a Loeb a considerar que el vínculo entre ambos fenómenos no debía descartarse. Si una civilización avanzada quisiera comunicarse con otras inteligencias del cosmos, la frecuencia de emisión del hidrógeno sería una elección lógica: es el átomo más abundante del universo y una constante física reconocible por cualquier especie que comprenda la química del cosmos.
Por eso, desde los primeros programas SETI se han centrado los esfuerzos en esa misma franja del espectro.
El problema de la potencia
Si la señal proviniera realmente de 3I/ATLAS, la potencia necesaria del transmisor sería asombrosa. A esa distancia, una emisión con la intensidad observada en la Tierra requeriría entre 0,5 y 2 gigavatios. Es decir, la potencia de una gran central nuclear concentrada en una sola antena direccional.
Tal magnitud es inconcebible para un fenómeno natural, pero no imposible para una civilización tecnológicamente avanzada.
Loeb no afirma que así fuera, pero subraya que una potencia semejante no está fuera de los límites de la ingeniería humana actual. En otras palabras: si nosotros podríamos hacerlo, ¿por qué descartar que alguien más lo hiciera hace décadas, en un punto remoto del sistema solar?
El carácter del mensajero
3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar conocido tras ‘Oumuamua y Borisov. Fue detectado en 2025 y se mueve en una órbita hiperbólica, lo que indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol. Se trata, en esencia, de un visitante del espacio profundo.
Para Loeb, esto abre una posibilidad fascinante: que algunos de estos cuerpos no sean simples restos naturales, sino dispositivos, sondas o fragmentos de tecnología extraterrestre. De ahí que proponga observar con mayor detalle el comportamiento de 3I/ATLAS, especialmente su emisión en radio, para determinar si presenta algún patrón artificial.
Hasta ahora, ningún observatorio ha detectado señales de este tipo provenientes del objeto, pero la ventana de observación óptima aún no ha concluido.
Las objeciones científicas
La comunidad astronómica ha recibido la idea con escepticismo. La separación angular entre la señal Wow! y la posición de 3I/ATLAS, aunque reducida, sigue siendo demasiado grande para una coincidencia precisa. Además, el Big Ear tenía un campo de visión limitado, y la probabilidad de que el mismo objeto haya atravesado esa franja exacta del cielo en el momento del registro es muy baja.
Otro punto débil es la ausencia total de repetición. Si se tratara de un transmisor, cabría esperar emisiones periódicas o algún tipo de eco detectable con equipos modernos.
Sin embargo, desde 1977, ningún radiotelescopio ha vuelto a captar nada parecido en esa frecuencia ni en posiciones cercanas. También se cuestiona la viabilidad energética: incluso para una civilización avanzada, mantener un transmisor de gigavatios de potencia activo y dirigido hacia la Tierra durante un instante de pocos segundos parecería un gasto desproporcionado sin propósito aparente.
La hipótesis, por tanto, se sitúa en el límite de lo posible.
Más allá de la probabilidad
Avi Loeb no rehúye el escepticismo. En sus publicaciones reconoce que la hipótesis es especulativa, pero defiende que la curiosidad científica debe incluir la exploración de lo improbable. Para él, la historia de la ciencia demuestra que muchos descubrimientos revolucionarios surgieron cuando alguien se atrevió a mirar donde nadie esperaba nada.
En el caso de 3I/ATLAS, el investigador invita a una vigilancia activa: si volvemos a detectar señales en la línea del hidrógeno coincidentes con su paso o trayectoria, eso podría constituir el primer indicio sólido de una tecnología interestelar. Por eso propone que radiotelescopios como FAST, MeerKAT o el próximo Square Kilometre Array observen la zona en las próximas fechas.
La posibilidad inquietante
Más allá de los números, el planteamiento de Loeb toca una fibra profunda en la mente humana. ¿Y si la señal Wow! no fue un accidente ni un ruido del cosmos, sino un mensaje deliberado, breve y puntual, emitido desde un viajero interestelar que cruzó el sistema solar hace décadas?
¿Y si aquel “eco” fue la huella residual de una inteligencia que quiso hacerse notar solo una vez, sin responder jamás? El silencio posterior haría aún más perturbador el suceso. Un solo destello en medio de la vastedad, sin repetición ni explicación, podría ser tanto una despedida como un saludo.
En ese sentido, la hipótesis de Loeb rescata el poder simbólico de la señal: no solo un dato técnico, sino un recordatorio de nuestra pequeñez ante un universo que podría estar observándonos con la misma cautela con que nosotros miramos el cielo.
Una llamada a seguir escuchando
La propuesta de que 3I/ATLAS sea el origen de la señal Wow! no tiene todavía evidencia empírica que la respalde. Pero cumple otra función igualmente valiosa: nos recuerda que el silencio del cosmos no debe confundirse con vacío. Cada vez que un radiotelescopio se enciende y apunta al espacio, podría volver a repetirse aquel milagro de 1977.
Quizá la respuesta esté aún viajando hacia nosotros. Quizá nunca la hubo. Loeb simplemente nos invita a mantener el oído abierto, porque la próxima vez que el universo susurre, podríamos entender lo que dice.
