Un equipo italiano asegura haber detectado bajo la pirámide de Kefrén una red de enormes ejes verticales, espirales y cámaras subterráneas que se hundirían más de 600 metros bajo la meseta de Guiza. La propuesta fascina al público, pero choca de frente con la comunidad científica (que reclama pruebas sólidas y verificables antes de hablar de una “ciudad oculta”).

Un “mundo” oculto bajo Kefrén

Según estas afirmaciones, bajo la pirámide de Kefrén existirían ocho grandes pozos o ejes verticales, conectados por estructuras en espiral y conductos que recuerdan a tuberías. En su interpretación, la pirámide visible sería solo la “punta” de un complejo arquitectónico mucho mayor, cuyo auténtico cuerpo se encontraría en el subsuelo.

Gran PirámideLa Gran Pirámide
Gran PirámideLa Gran Pirámide

Los defensores de esta hipótesis hablan de un entramado que se prolongaría hasta unos 2.000 pies de profundidad (en torno a 610 metros), con cámaras cúbicas de dimensiones superiores a las de muchos estadios modernos. Esa imagen encaja fácilmente con narrativas míticas como supuestos “salones” secretos o archivos perdidos de civilizaciones antiguas (lo que explica parte del impacto mediático que está generando).

La técnica de radar que lo sustenta

El ingeniero de radar Filippo Biondi, uno de los principales impulsores de esta lectura, asegura haber utilizado una técnica de tomografía Doppler aplicada a radar de apertura sintética. Esta metodología se orienta a medir minúsculas vibraciones en la superficie (por ejemplo, las producidas por el ruido sísmico de fondo) y a partir de ahí reconstruir una especie de imagen tomográfica del interior y del subsuelo.

Biondi sostiene que se han combinado datos de varios operadores de satélites, entre ellos Umbra, Capella Space, ICEYE y el sistema italiano COSMO-SkyMed, y que todos habrían devuelto patrones coincidentes. Sobre esa base, el equipo interpreta la existencia de ocho cilindros huecos que arrancan desde la base de la pirámide de Kefrén y descienden hasta profundidades extraordinarias (culminando en cámaras de planta cuadrada).

De espirales a “bobinas” misteriosas

Cada uno de esos supuestos pozos se describe con una columna central rodeada de espirales helicoidales de geometría muy precisa. Los investigadores argumentan que estructuras tan perfectas no se dan de manera natural en la geología de la zona, por lo que las consideran indicios de diseño artificial.

A partir de ahí se multiplican las hipótesis: las espirales podrían haber funcionado como escaleras de descenso, como conductos específicos o incluso como bobinas enrolladas alrededor de un núcleo central (vinculadas a ideas de energía, vibración o agua más que a la función funeraria tradicional de las pirámides).

Sin embargo, incluso los propios proponentes reconocen que por ahora están en el terreno especulativo.

Extender el modelo a Guiza y más allá

En esa misma línea, el grupo plantea que lo observado bajo Kefrén sería solo una pieza de un sistema subterráneo más amplio. Afirman haber detectado configuraciones similares (aunque de menor escala) bajo la pirámide de Micerinos y bajo la propia Esfinge, lo que sugeriría una red de estructuras repartidas por la meseta.

También mencionan una geometría parecida en la zona de Hawara, asociada desde la Antigüedad al famoso “laberinto” descrito por varios autores clásicos. Si estas analogías se confirmaran con métodos independientes y datos accesibles, la interpretación tendría un impacto enorme en la comprensión de los complejos funerarios egipcios (pero a día de hoy ese escenario aún es hipotético).

El freno de los especialistas en geofísica

La lectura entusiasta choca con la cautela (y en muchos casos el rechazo) de numerosos geofísicos y expertos en radar. El especialista Lawrence Conyers considera que hablar de una “ciudad” enterrada a centenares de metros constituye una exageración que no se corresponde con lo que pueden ofrecer los datos.

Desde esta perspectiva crítica se subraya que los pulsos de radar desde satélite no deberían proporcionar detalles tan finos a tanta profundidad bajo una meseta de caliza. Esto no implica que el subsuelo de Guiza esté vacío: se sabe que hay cavidades, tumbas, pozos y antiguas canteras (pero el tamaño, la forma helicoidal y las profundidades reclamadas son justamente los elementos que requieren evidencias mucho más robustas).

La postura de figuras clave de la egiptología

Dentro de la egiptología, una de las voces más conocidas, Zahi Hawass, ha rechazado con contundencia estas interpretaciones. En su opinión, las conclusiones carecen de base científica suficiente y no se apoyan en una documentación arqueológica contrastada.

Hawass recuerda que la base de la pirámide de Kefrén se talló directamente en la roca madre de la meseta y sostiene que no existen pruebas firmes de la presencia de grandes columnas o estructuras espirales bajo esa zona. Para este sector, la propuesta italiana se adelanta demasiado a lo que los datos permiten afirmar y corre el riesgo de alimentar especulaciones más cercanas al folclore que a la investigación académica.

Lo que sí se ha descubierto bajo las pirámides

Para dimensionar este debate conviene fijarse en descubrimientos subterráneos recientes que sí han modificado la visión de Guiza y que se han verificado con estándares científicos muy exigentes. En 2017, el proyecto ScanPyramids anunció la detección de un gran vacío sobre la Gran Galería de la pirámide de Keops mediante muografía (una técnica que utiliza muones de rayos cósmicos de forma análoga a una radiografía).

Ese gran espacio, de tamaño comparable a la propia Gran Galería y con al menos 30 metros de longitud, se publicó en una revista científica de alto impacto y se acompañó de un análisis detallado del método, de la señal y de los modelos utilizados (algo clave para que el hallazgo se tomara en serio desde el inicio).

Nuevos corredores y nuevas técnicas de verificación

En 2023 se anunció otro avance: la localización de un corredor oculto en la cara norte de la Gran Pirámide, con unos nueve metros de largo y una sección cercana a 2×2 metros. En este caso se combinaron distintos métodos no invasivos y finalmente se introdujo un endoscopio que permitió observar físicamente el interior del pasaje.

Los resultados se presentaron junto a las autoridades egipcias, subrayando que el corredor podría tener una función estructural (por ejemplo, de alivio de cargas) o ser un acceso hacia otras partes aún desconocidas. Desde entonces, nuevas investigaciones han explorado técnicas como la tomografía eléctrica de resistividad para confirmar y refinar la imagen de ese corredor (ejemplificando la importancia de usar metodologías independientes para validar hallazgos complejos).

Hipótesis sugerentes, evidencia pendiente

En el relato del equipo italiano, los supuestos tubos espirales bajo Kefrén siguen sin una finalidad claramente demostrada, y las explicaciones sobre energía, vibraciones o información pertenecen más a un marco interpretativo que a datos empíricos consolidados. Por ahora, la comunidad académica mantiene una postura de espera: si algo tan grande existe realmente, debería poder documentarse con publicaciones revisadas por pares, acceso a datos y código, y comprobaciones independientes desde tierra.

Hasta que eso ocurra, la idea de megaestructuras de 610 metros bajo las pirámides seguirá moviéndose en una zona gris entre la especulación fascinante y la ciencia no verificada. La historia de Guiza demuestra que aún quedan espacios por descubrir (pero también que los hallazgos que perduran son los que resisten el escrutinio riguroso de la investigación internacional).

Fuentes

Leave A Comment