Los elefantes de colmillos rectos, o Palaeoloxodon antiquus, no deambulaban solos. Durante el Último Interglacial, hace aproximadamente 120.000 años, estos gigantes prehistóricos compartían los desiertos costeros del sur de España con lobos, ciervos y pequeños mamíferos parecidos a las comadrejas. Este fascinante panorama de la vida del Pleistoceno ha sido revelado gracias a un descubrimiento extraordinario en la Región de Murcia, que no solo amplía nuestro conocimiento sobre la megafauna ibérica, sino que también ofrece una visión precisa de cómo era la interacción entre las especies en un momento crucial de la prehistoria, mientras los Neandertales acechaban en busca de presas.

Investigadores, cuyos hallazgos se han publicado en la prestigiosa revista Quaternary Science Review, han desenterrado nuevas huellas fósiles en la zona de Torre de Cope, un hito geográfico situado en la costa murciana. Estas marcas únicas han sido atribuidas a P. antiquus, una especie de elefante extinta que alguna vez recorrió vastas zonas de Europa y Asia Occidental. Lo que hace que este descubrimiento sea particularmente significativo es que estas son las primeras huellas fosilizadas pertenecientes a un vertebrado del período Cuaternario —una era que comenzó hace 2.6 millones de años y continúa hasta la actualidad— que se encuentran en esta parte del territorio español. Este hallazgo no es solo una adición a nuestro registro fósil, sino una ventana directa a la paleoecología del sureste peninsular en un momento de bonanza climática.

La coexistencia de las huellas de P. antiquus con las de otros animales sugiere que los corredores costeros actuaban como rutas vitales, permitiendo a diferentes especies migrar hacia y desde los bosques y los ecosistemas más húmedos cercanos al mar. Estos movimientos migratorios se realizaban, presumiblemente, mientras las manadas y los carnívoros esquivaban a los Neandertales, quienes probablemente se sentirían atraídos por la abundante oferta de presas que esta región tenía para ofrecer.

Los autores del estudio enfatizan que esta «diversidad refleja un ecosistema de bosque mixto con carnívoros y herbívoros, sugiriendo la proximidad de áreas boscosas en las montañas Béticas orientales a la costa». Este detalle es crucial, pues pinta un escenario mucho más verde y fértil para el sureste español de lo que se suele imaginar en la actualidad.

La Huella de un Gigante: El Descubrimiento en Torre de Cope

El registro de las icnitas, o huellas fosilizadas, en Torre de Cope es impresionante. El rastro atribuido al elefante de colmillos rectos se extiende a lo largo de 2.75 metros y contiene pisadas individuales que miden entre 40 y 50 centímetros de largo, un tamaño comparable al de una hoja de papel A3.

A partir de estas impresiones detalladas y bien conservadas, los investigadores han podido calcular con precisión la edad, el tamaño y el peso del individuo responsable de estas marcas.

Según las estimaciones, este coloso en particular tenía más de 30 años de edad, una madurez considerable para un elefante prehistórico. Medía alrededor de 2.3 metros desde la cadera y pesaba aproximadamente 2.6 toneladas. Estas cifras, aunque impresionantes, corresponden a un individuo que no era el más grande de su especie, lo que sugiere que los ejemplares de Palaeoloxodon antiquus podían alcanzar dimensiones verdaderamente monumentales.

La precisión de los datos derivados de una simple huella demuestra la riqueza de información que los icnofósiles pueden ofrecer sobre la vida de la megafauna extinguida.

El Elefante de Colmillos Rectos: Un Coloso Olvidado

El Palaeoloxodon antiquus es una de las especies más fascinantes de proboscídeos que existieron en el continente europeo. A menudo eclipsado en la cultura popular por su primo lanudo, el mamut, el elefante de colmillos rectos era, de hecho, significativamente más grande que cualquier elefante moderno y estaba adaptado a los climas interglaciales más cálidos, a diferencia del mamut, que prosperaba en el frío.

Los machos adultos de P. antiquus podían superar los 4 metros de altura a la cruz y pesar más de 10 toneladas, lo que los convertía en uno de los mamíferos terrestres más grandes que jamás haya caminado por Europa. Sus defensas (colmillos) eran notablemente rectas y largas, de donde procede su nombre. Habitaban en zonas de bosques mixtos y pastizales, un entorno que el sureste de España proporcionaba durante el Último Interglacial. Eran herbívoros voraces, capaces de consumir cientos de kilos de vegetación al día, moldeando activamente los paisajes por donde pasaban. El estudio de Murcia confirma que el individuo que dejó su huella en Torre de Cope, aunque no era el ejemplar más grande, representaba un desafío significativo para cualquier depredador, incluidos los Neandertales. Su presencia en Murcia extiende de manera definitiva el rango geográfico de esta especie al sureste de la Península Ibérica durante el período comprendido entre 115.000 y 130.000 años atrás.

¿Las Icnitas de Proboscídeo Más Antiguas?

La importancia de las huellas de Torre de Cope trasciende la mera localización geográfica. Los autores del estudio sugieren cautelosamente que «estas podrían ser las primeras huellas de proboscídeo descritas en el Pleistoceno de Europa, y posiblemente las más antiguas de P. antiquus«. Un proboscídeo es un grupo de mamíferos que incluye a elefantes y mamuts.

Esta afirmación eleva el yacimiento murciano a un nivel de relevancia continental en la paleoicnología.

Pero, ¿por qué son tan valiosas las huellas (icnitas) en comparación con los huesos (fósiles corporales)? Los fósiles corporales nos dicen qué especie vivió en un lugar, pero las icnitas nos dicen cómo vivía. Una huella es una instantánea conductual de un momento específico en el pasado. Revela el ritmo de la marcha, la edad relativa del animal, su dirección, y, crucialmente, la naturaleza del sustrato y el clima del entorno en el que se movía. La huella de este elefante, fosilizada en las dunas costeras de la antigua Murcia, nos habla de un paseo tranquilo, una vida diaria, en contraste con la narrativa de muerte violenta o enfermedad que a menudo acompaña a los restos óseos. Este registro ofrece una reconstrucción paleoambiental vívida y dinámica del Last Interglacial, algo que los fragmentos óseos difícilmente pueden igualar.

El Último Interglacial: La España Cálida y Diversa

El Último Interglacial, conocido técnicamente como MIS 5e (Estadio Isotópico Marino 5e), fue un periodo de gran importancia climática y ecológica, que duró aproximadamente desde hace 130.000 hasta 115.000 años. Durante esta época, las temperaturas globales fueron significativamente más altas que las actuales. Los casquetes polares se redujeron, y el nivel del mar era entre 6 y 9 metros más alto que hoy, transformando drásticamente las líneas costeras.

En la Península Ibérica, y particularmente en el sureste, este calor y humedad se tradujeron en un paisaje exuberante que distaba mucho de las estepas o desiertos fríos asociados a la época glacial inmediatamente posterior. Este clima más benévolo fue el motor detrás de la diversidad ecológica que el estudio de Torre de Cope revela.

Los valles y las laderas de las montañas Béticas orientales estaban cubiertos por densos bosques mixtos, dominados por especies termófilas (amantes del calor), mientras que la costa ofrecía humedales, dunas y matorrales.

Esta transición ecológica entre el bosque cerrado de las montañas y la costa húmeda creaba un ecotono rico, esencial para el mantenimiento de grandes poblaciones de herbívoros. La presencia de carnívoros como el lobo, y depredadores más pequeños como la marta, confirma una cadena trófica completa y robusta. Si bien las huellas de P. antiquus son las más llamativas, la verdadera fortaleza del descubrimiento radica en el conjunto de huellas que definen este ecosistema mediterráneo de la Edad de Piedra.

La Fauna Oculta en el Rastro de Calblanque

Cerca de Torre de Cope, en la zona de Calblanque, los investigadores han descrito otras icnitas pertenecientes a un variado elenco de mamíferos, desde mustélidos hasta équidos. La presencia de estos animales más pequeños, menos espectaculares que el elefante, complementa la imagen de un ecosistema vibrante.

Uno de los rastros más detallados, que se extiende 1.5 metros e incluye diez huellas casi circulares, pertenece a un mustélido. Los mustélidos son un grupo diverso de mamíferos carnívoros que incluye comadrejas, nutrias y tejones. La disposición de estas huellas, encontradas en pares, es crucial: sugiere que el animal se movía lentamente, posiblemente porque estaba cerca de una fuente de agua.

Lo más sorprendente es la identificación propuesta del individuo: una marta de piedra. Esta especie es común hoy en día en esta parte de España, pero hasta ahora su registro fósil había estado ausente en la Península Ibérica durante este período del Cuaternario.

Este hallazgo, por lo tanto, llena un vacío importante en la paleozoología ibérica.

Además, los investigadores describieron una única huella de pata, que se cree pertenece a un lobo adulto, y varias pisadas atribuidas a un ciervo rojo. La orientación de estas marcas —específicamente su dirección hacia el oeste— sugiere que los animales caminaban a través de dunas o matorrales, indicando la estructura del paisaje litoral.

Un quinto conjunto de huellas ha sido atribuido a un équido, miembro de la familia del caballo, probablemente el caballo salvaje (Equus ferus). La suma de estas especies —megafauna, carnívoros grandes y pequeños, y herbívoros medianos— subraya la alta biodiversidad de esta franja costera.

Corredores Ecológicos y la Sombra de los Neandertales

Las huellas fosilizadas no solo registran la presencia de animales, sino que narran la historia de sus movimientos. Estos rastros resaltan la diversidad de mamíferos que deambulaban por las dunas costeras del sur de España y refuerzan la hipótesis de que esta región sirvió como un corredor ecológico vital, facilitando las migraciones estacionales entre diferentes hábitats.

Piensa, por ejemplo, en las migraciones anuales que realizan los elefantes africanos hoy en día; este comportamiento probablemente era replicado por la megafauna ibérica para acceder a nuevos pastos y fuentes de agua según las estaciones.

La costa, bordeada por las sierras y con acceso a recursos hídricos permanentes, actuaba como una autopista natural, uniendo refugios ecológicos. Este concepto de corredor adquiere una dimensión aún más fascinante cuando se superpone al mapa de la distribución humana en la época. Los autores del estudio han notado una clara correlación entre las posibles rutas que tomaron estos animales y la ubicación de yacimientos Neandertales conocidos en la región.

Neandertales y la Estrategia de Caza Mayor

Esta correlación geográfica no es casual. Sugiere que nuestros parientes homininos sabían perfectamente dónde encontrar y emboscar a la fauna abundante que ofrecía la región costera. Para los Neandertales, cuyo sustento dependía en gran medida de la carne, estos corredores migratorios eran caladeros de caza de valor incalculable.

Los Neandertales del Pleistoceno tardío en la Península Ibérica eran cazadores altamente especializados, con una dieta rica en proteínas. La investigación paleoantropológica en el sureste de España (incluyendo yacimientos clave en la provincia de Murcia) ha demostrado que estos homininos no solo cazaban presas rápidas y peligrosas.

Utilizaban lanzas de empuje y estrategias cooperativas para abatir a ciervos rojos, caballos salvajes (Equus ferus), uros y cabras monteses. Sin embargo, el recurso más tentador, y peligroso, era el elefante.

«Estos sitios costeros Neandertales eran caladeros de caza para grandes mamíferos como el ciervo rojo, los caballos, los uros y la cabra montés, así como territorios para la adquisición de elefantes», señalan los autores del estudio. El término «adquisición» es clave. Aunque la caza activa de un Palaeoloxodon adulto y sano era arriesgada, los Neandertales eran oportunistas.

El elefante que dejó sus huellas en Torre de Cope era un individuo maduro (más de 30 años) que podría haber estado en una fase de declive físico, siendo un blanco más factible. Las grandes cantidades de carne y grasa que proporcionaba un solo elefante podían sostener a una comunidad Neandertal durante semanas, haciendo que la recompensa justificase el riesgo.

En yacimientos europeos se ha encontrado evidencia de la utilización de herramientas de piedra para el despiece metódico de elefantes, demostrando la sofisticación de sus técnicas de carnicería.

La Importancia Geoarqueológica del Sureste Ibérico

La región del sureste de España ha demostrado ser un área geoarqueológica de importancia inmensa para comprender la prehistoria europea y, en particular, el destino de los Neandertales y la megafauna. La Península Ibérica, y especialmente su extremo sur, funcionó como un refugio climático durante las fases frías del Pleistoceno.

Esto significa que mientras gran parte del norte de Europa estaba cubierta por glaciares, aquí persistían condiciones lo suficientemente templadas como para mantener una alta diversidad de especies.

El descubrimiento de estas icnitas en Murcia refuerza la idea de que esta zona fue un microcosmos ecológico. No solo permitió la supervivencia de especies como Palaeoloxodon antiquus en las fases interglaciales, sino que también concentró la interacción entre los homininos y sus presas en corredores geográficos delimitados. Estudiar estos yacimientos de rastros y sus correlaciones con los campamentos Neandertales proporciona información detallada sobre la demografía animal, los patrones de migración, la densidad poblacional y, lo más importante, la planificación estratégica de caza por parte de los Neandertales, mucho más allá de lo que los estudios basados únicamente en huesos podrían revelar.

El Legado de las Huellas Fosilizadas

El descubrimiento de las huellas de Palaeoloxodon antiquus y de otros mamíferos en Murcia es mucho más que un registro paleontológico. Es una confirmación de la naturaleza dinámica de los ecosistemas costeros prehistóricos. Los hallazgos extienden el conocimiento sobre la distribución del elefante de colmillos rectos y, al mismo tiempo, ofrecen una evidencia tangible de la existencia de corredores ecológicos eficientes que facilitaban la vida y la migración de las especies durante el Último Interglacial.

La investigación nos obliga a imaginarnos la costa de Murcia de hace 120.000 años como una sabana húmeda bordeada por bosques, donde un elefante maduro de más de dos toneladas caminaba tranquilamente hacia el agua, un mustélido buscaba alimento lentamente en el barro, y en la distancia, las siluetas de los Neandertales observaban, planificando su próxima estrategia de supervivencia.

Las icnitas, al ser testigos directos de la vida, han transformado un mapa geográfico en un mapa de comportamiento, revelando la intrincada red de vida entre el clima, la megafauna extinta y nuestros ancestros homininos en la península.

Fuentes

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