El Antiguo Testamento de la Biblia contiene varias profecías que algunos creyentes interpretan como referencias a la venida y el ministerio de Jesús como el Mesías. Hoy me gustaría entrar un poco en detalle en cada una de ellas, para analizarlas y poder ponerlas en contexto. De esta forma podemos entrar a valorar si tienen importancia desde un punto de vista histórico o pudo ser un constructo para poder respaldar ciertos atributos que se quería poner de manifiesto en Jesús de Nazaret. Sobre todo según el evangelio de Mateo, donde se intenta demostrar a los judíos que Jesús es el Mesías esperado.

La Promesa del Descendiente de Abraham (Génesis 12:3)

Dios prometió a Abraham que en su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra. Los cristianos consideran que esta promesa se cumplió en Jesús, quien vino de la línea de Abraham y se convirtió en una bendición para todas las naciones. Mientras que para los judíos es simplemente una promesa que Dios le hizo al pueblo al completo, no tiene nada que ver con Jesús.

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En el cristianismo, esta promesa se ve como una prefiguración de la venida de Jesucristo, quien se considera el descendiente de Abraham en quien todas las naciones de la tierra son bendecidas a través de la fe en Él. La relación entre la promesa de Abraham y la venida de Jesucristo es un tema importante en la teología cristiana y se encuentra en el Nuevo Testamento, especialmente en el libro de Gálatas y en la carta a los Romanos, donde se destaca la idea de que la bendición de Abraham se extiende a través de la fe en Jesús. Por lo que Pablo de Tarso posiblemente fue el impulsor de este nuevo sentido a la promesa de Dios.

Me parece una profecía que carece de fundamento puesto que cualquier judío era descendiente de Abraham y podría aplicarse a cualquier ciudadano judío.

La Profecía del Nacimiento Virginal (Isaías 7:14)

Isaías profetizó que una virgen daría a luz a un niño cuyo nombre sería Emmanuel, que significa «Dios con nosotros». Los cristianos creen que esto se cumplió con el nacimiento de Jesús de la Virgen María.

La controversia en torno a la Virgen María se ha centrado en varios aspectos a lo largo de la historia, y uno de los debates más antiguos y continuos es si María fue una virgen en el sentido de que nunca tuvo relaciones sexuales después del nacimiento de Jesús o si simplemente se refería a ella como una doncella joven y no necesariamente virgen en el sentido biológico.

Esta controversia tiene raíces en las interpretaciones de pasajes bíblicos, particularmente en el relato del nacimiento de Jesús en los Evangelios de Mateo y Lucas. Mateo 1:23 dice: «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo». Lucas 1:26-34 narra la Anunciación, donde el ángel Gabriel anuncia a María que concebirá a Jesús por obra del Espíritu Santo.

La Iglesia Católica y muchas denominaciones cristianas creen en la doctrina de la «virginidad perpetua de María», lo que significa que sostienen que María fue virgen antes, durante y después del nacimiento de Jesús. Esto es una parte importante de la teología católica y ortodoxa.

Sin embargo, algunas ramas del protestantismo y otras corrientes religiosas tienen interpretaciones diferentes. Argumentan que las palabras griegas utilizadas en los Evangelios para describir a María como «virgen» (parthenos) pueden tener otros significados, como «joven doncella», y que María podría haber tenido hijos después de Jesús. La interpretación de estos pasajes bíblicos varía según la tradición y las creencias de cada grupo religioso.

La controversia sobre si María fue virgen o simplemente una doncella refleja las diferencias teológicas y doctrinales dentro del cristianismo y ha sido un tema de debate durante siglos. La creencia en la virginidad perpetua de María es una parte importante de la mariología en la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, mientras que otras denominaciones cristianas no comparten esta creencia y ven a María de manera diferente en términos de su virginidad después del nacimiento de Jesús.

Además, la virginidad de María fue un tema que en el cristianismo primitivo no fue para nada importante por lo que pudo bien haber sido establecido a posteriori para que encajara la profecía. Así que en ambos casos, ya se refiera la traducción a virgen o a doncella, en lo personal no le doy importancia a esta profecía.

La Promesa del Renuevo de David (Jeremías 23:5-6)

Jeremías profetizó que Dios levantaría un «Renuevo justo» de la línea de David, que reinaría como rey y sería llamado «Jehová, justicia nuestra.» Los cristianos ven en esta profecía una referencia a Jesús como el Mesías.

Esta profecía se puede resumir a que el mesías nacerá de la línea de David, por ello la importancia del episodio de su nacimiento en Belén. Sin embargo, en el evangelio de Marcos no se dice nada de que Jesús naciera en Belén, siendo este el evangelio más antiguo. Tampoco dice nada Pablo de Tarso, siendo el escritor más cercano a la época de Jesús.

Además Jesús siempre fue conocido por el Nazareno, no por el de Belén, sin embargo, para que coincidiera con la profecía de que el mesías debe ser descendiente de David, se pudo establecer que José era descendiente de ese linaje. Para poder respaldarlo con un argumento histórico, se pudo «construir» la necesidad de acudir a Belén (ciudad del Rey David) para censarse. Históricamente podría concordar con el censo de Quirino.

El censo de Quirino, también conocido como el censo de Cirenio, es un evento mencionado en el Nuevo Testamento de la Biblia en el contexto del relato del nacimiento de Jesús. Según el Evangelio de Lucas (Lucas 2:1-5), el emperador romano Augusto ordenó que se llevara a cabo un censo en todo el Imperio Romano, y cada persona debía registrarse en su ciudad de origen. José y María, quienes vivían en Nazaret, viajaron a Belén, la ciudad de David, para cumplir con este censo. Fue durante este viaje que Jesús nació en Belén.

Históricamente, ha habido cierta controversia y debate sobre la historicidad del censo de Quirino, ya que no hay evidencia directa fuera de los Evangelios que respalde este evento específico en los registros históricos romanos. Sin embargo, esto no necesariamente significa que el censo no haya ocurrido.

Pero personalmente lo que más me llama la atención es lo siguiente: si José no fue el padre biológico de Jesús ¿Qué importancia tiene su genealogía? Puesto que la descendencia solo se transmitía por línea paterna y José no tuvo relaciones con María, todo este argumento previo ya carece de fundamento.

El Siervo Sufriente (Isaías 53)

Isaías 53 describe a un siervo que sufrirá por los pecados de otros. Los cristianos interpretan esta profecía como una referencia a la crucifixión de Jesús y su sacrificio por la redención de la humanidad.

¹ ¿QUIÉN ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?² Y subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos.³ Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos.⁴ Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.⁵ Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.⁶ Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.⁷ Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.⁸ De la cárcel y del juicio fué quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido.⁹ Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fué en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca.¹⁰ Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.¹¹ Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.¹² Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fué contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores. Isaías 53:1-12 

Me parece una profecía bastante acertada con la pasión de Jesús. En el cristianismo, esta profecía se interpreta como una referencia a Jesucristo, quien según la creencia cristiana, sufrió y murió en la cruz como el sacrificio definitivo por los pecados de la humanidad. En base a esta premisa, la profecía se ajusta muy bien.

El libro de Isaías, que se encuentra en el Antiguo Testamento de la Biblia, es atribuido al profeta Isaías. Según la tradición y la mayoría de los estudiosos bíblicos, Isaías vivió en el siglo VIII a.C. en el reino de Judá, durante un período de la historia de Israel conocido como la Edad del Hierro II. Sin embargo, el libro de Isaías en la Biblia no necesariamente fue escrito por el profeta Isaías en su totalidad, ya que se cree que contiene material de diferentes épocas y autores.

El libro de Isaías se divide comúnmente en tres partes: Isaías 1-39, conocida como «Isaías del primer Isaías» o «Isaías histórico,» que se atribuye principalmente al profeta Isaías; Isaías 40-55, a menudo llamada «Deutero-Isaías,» que se considera escrita por un autor anónimo durante el exilio babilónico en el siglo VI a.C.; y finalmente, Isaías 56-66, que se llama «Trito-Isaías» y también se atribuye a autores anónimos y se escribió en una fecha posterior.

Por lo que estamos hablando de una profecía de 6 siglos de antiguedad que se cumplió en Jesús.

Para saber más de esta profecía en particular, lee el siguiente artículo:

La Entrada Triunfal (Zacarías 9:9)

Zacarías profetizó que el Mesías entraría en Jerusalén montado en un asno, lo cual se cumple en el relato de la entrada triunfal de Jesús antes de su crucifixión.

La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es un evento que se relata en los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento de la Biblia (Mateo 21:1-11, Marcos 11:1-11, Lucas 19:28-44 y Juan 12:12-19). Este acontecimiento es una parte importante de la narrativa de la vida de Jesús y es conmemorado en la liturgia cristiana durante el Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa.

En resumen, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén se produjo poco antes de su arresto y crucifixión. Jesús montó un burro, un acto simbólico que se considera una señal de humildad, y entró en Jerusalén mientras la multitud lo aclamaba. La gente extendió mantos y ramas de palma en su camino y lo llamó «Hosanna», lo que significa «¡Salva ahora!»

Este evento se interpreta como el cumplimiento de una profecía mesiánica en el Antiguo Testamento (Zacarías 9:9), en la que se profetiza que el Mesías entraría en Jerusalén montado en un burro. La multitud esperaba que Jesús fuera el Mesías prometido que liberaría a Israel, pero tenían una comprensión diferente de lo que eso significaba en comparación con la misión espiritual de Jesús

Sin embargo, al leer el evangelio vemos como fue una entrada que Jesús buscó que fuera de esa forma para posteriormente poder justificar que se cumple la profecía. En lo personal, no le doy importancia a esta historia.

El Evangelio de Lucas, en su relato de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, menciona la adquisición de un burro de la siguiente manera:

Lucas 19:29-35 (NVI): «29 Al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, 30 diciéndoles: —Vayan al pueblo de enfrente. Al entrar, encontrarán un burro atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. 31 Si alguien les pregunta por qué lo hacen, díganle: ‘El Señor lo necesita’. 32 Los que fueron enviados encontraron todo tal como les había dicho. 33 Cuando desataron el burro, sus dueños les preguntaron: —¿Por qué desatan el burro? 34 Ellos respondieron: ‘El Señor lo necesita’. 35 Luego llevaron el burro a Jesús, echaron sus mantos sobre el animal y Jesús se montó en él.»

En este pasaje, Jesús envía a dos de sus discípulos a buscar un burro en un pueblo cercano. Les da instrucciones específicas sobre cómo encontrarlo y qué decir si alguien les pregunta por qué están desatando el burro. Cuando los discípulos hacen lo que se les ordenó, encuentran el burro tal como se les había dicho y lo traen a Jesús. Luego, Jesús monta el burro mientras entra en Jerusalén, cumpliendo así la profecía de Zacarías 9:9, que habla de un rey humilde que entraría en Jerusalén montado en un burro.

La Resurrección (Salmo 16:10)

En el Salmo 16:10, se profetiza que el cuerpo del justo no experimentará corrupción. Los cristianos ven esto como una profecía de la resurrección de Jesús.

El Salmo 16:10 es un versículo del Antiguo Testamento de la Biblia que algunos cristianos consideran una profecía mesiánica. Aquí está el versículo en cuestión:

Salmo 16:10 (NVI): «Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.»

Este versículo se interpreta como una profecía que apunta a la resurrección de Jesús. ¿Pero es Jesús «Tu Santo» ? La idea detrás de esta interpretación es que, según el Nuevo Testamento, Jesús murió y fue sepultado, pero al tercer día resucitó de entre los muertos. Se cree que el Salmo 16:10 prefigura esta resurrección, indicando que el alma de Jesús no sería abandonada en el Seol (el lugar de los muertos) ni experimentaría corrupción.

Este pasaje es citado en el Nuevo Testamento en el libro de los Hechos de los Apóstoles, específicamente en Hechos 2:29-32, donde el apóstol Pedro lo utiliza para argumentar que Jesús es el Mesías y que su resurrección fue una prueba de su divinidad. Por lo tanto, para muchos cristianos, el Salmo 16:10 se considera una profecía que se cumplió en la resurrección de Jesús y que respalda la fe en su divinidad y obra redentora.

Esta profecía si encaja bien con la resurrección de Jesús de Nazaret.

 

La profecía de la llegada del Mesías, según el profeta Daniel

La profecía sobre el Mesías en el Libro de Daniel se encuentra en el capítulo 9, versículos 24 al 27. Esta profecía es conocida como «las setenta semanas» o «las setenta semanas de Daniel». Para poder entender esta profecía, es necesario poder desgranarla paso a paso. En primer lugar vamos a copiar el texto original:

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

Entendiendo la profecía de Daniel

A continuación, se presenta un resumen de los aspectos clave relacionados con la llegada del Mesías:

  1. Contexto de la profecía: Daniel estaba orando y buscando la restauración de Jerusalén y del pueblo judío, que se encontraba en cautiverio babilónico.
  2. Duración de las setenta semanas: Se establece un período de setenta semanas, que algunos interpretan como setenta semanas de años, totalizando 490 años.
  3. Propósito de las setenta semanas: La profecía menciona seis objetivos divinos específicos, que incluyen poner fin a la transgresión, sellar el pecado, expiar la iniquidad, introducir la justicia eterna, cumplir la visión y la profecía, y ungir al Santo de los Santos.
  4. Inicio de las setenta semanas: La cuenta regresiva de las setenta semanas comienza con el decreto para reconstruir Jerusalén. Históricamente, se ha asociado comúnmente con el edicto de Artajerjes I (457 a.C.), que se registra en Nehemías 2:1-8.
  5. La venida del Mesías: La profecía indica que, después de siete semanas y sesenta y dos semanas (un total de 69 semanas), vendrá el Mesías Príncipe. Este evento ha sido interpretado por muchos como una referencia a la llegada de Jesucristo. 457 a.C. + 490 años, establece que la llegada del mesías sería en torno al 33 d.C. Fecha en la que Jesucristo tiene su vida pública.
  6. La semana final: Se menciona una última semana (siete años) en la que se realizarán eventos significativos, como un pacto con muchos, la interrupción del sacrificio y la ofrenda, y la venida de un príncipe destruidor. Se entiende como la fecha de la muerte del Mesías. (Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías)

Es importante tener en cuenta que la interpretación de esta profecía ha sido objeto de debates y diversas opiniones entre estudiosos y teólogos. Algunos la interpretan de manera más literal, mientras que otros la consideran simbólica. Las discrepancias también surgen en cuanto a cómo se aplican estos eventos a la llegada del Mesías y su relación con eventos históricos específicos, como la vida de Jesucristo.

¿Por qué hay gente que interpreta las semanas como semanas de años?

La interpretación de las «semanas» como «semanas de años» proviene de una práctica común en la interpretación profética en la que se utiliza el principio del «día por año». Este principio se basa en una declaración en el Libro de Ezequiel, donde se menciona que un día puede representar un año en ciertos contextos proféticos. La idea se encuentra en Ezequiel 4:6, donde el profeta recibe la instrucción de acostarse durante un número específico de días como un símbolo de los años de castigo para Israel y Judá.

El profeta Daniel en el techo de la Capilla Sixtina (Miguel Ángel)

Dado que la profecía en Daniel 9:24-27 habla de «setenta semanas» y establece ciertos eventos para diferentes partes de ese período, algunos intérpretes han aplicado el principio del «día por año» para extender estos plazos a un periodo más largo. Así, las «setenta semanas» se interpretan como «setenta semanas de años», totalizando 490 años en lugar de 70 semanas de días. Esta interpretación permite una conexión con eventos históricos y la posibilidad de relacionar la profecía con períodos más extensos de la historia.

La interpretación de las «semanas de años» es particularmente prominente en las interpretaciones historicistas y futuristas de la profecía bíblica, donde se busca relacionar los eventos profetizados con momentos específicos de la historia o con eventos futuros. Sin embargo, es importante señalar que hay diferentes enfoques en la interpretación de estas profecías, y no todos los estudiosos de la Biblia están de acuerdo con la aplicación del principio del «día por año». La interpretación de las profecías bíblicas, incluidas las de Daniel, a menudo depende de la perspectiva teológica y hermenéutica del intérprete.

La profecía más importante, el Salmo 22

Sin embargo, de todas las profecías, la que me parece más certera es la del Salmo 22, no la vamos a poner completa pero vamos a resaltar algunos pasajes:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de ayudarme y de las palabras de mi rugido? Jesús se siente abandonado y tiene dudas

Pero yo soy un gusano y ningún hombre; un reproche de los hombres, y despreciado de la gente. Jesús es despreciado constantemente

Todos los que me ven se ríen de mí desdeños: disparan el labio, sacuden la cabeza y dicen: Confió en el Señor que lo entregaría: déjelo entregar, ya que se deleitaba en él. Le golpean y le piden que se salve igual que salvo a tantos. Se ríen diciendo que Dios no le contesta ahora.

Muchos toros me han rodeado: los toros fuertes de Basán me han acosado. Me miraron boquiabiertos como un león rugiente y hambriento. Se siente rodeado de gente que le ataca

Estoy derramado como agua, y todos mis huesos están fuera de las articulaciones: mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis entrañas. Jesús sangra mucho en la cruz

Mi fuerza está seca como un macetero; y mi lengua se adhiere a mis mandíbulas; y me has traído al polvo de la muerte. Jesús tiene sed en la cruz

Porque los perros me han rodeado: la asamblea de los malvados me ha encerrado: me perforaron las manos y los pies. Clara alusión a la cruxificción.

Puedo decir todos mis huesos: me miran y me miran. No le rompieron los huesos de las piernas en la cruz para acelerar su muerte porque falleció antes.

Separan mis prendas entre ellas y echan suertes sobre mi vestimenta. Anécdota que se recoge en los evangelios y que historiadores dan por válida (como Tito Vivas).

A lo largo del Salmo 22, se describen varias escenas y elementos que algunos creyentes relacionan con la crucifixión de Jesús. Como decíamos, se mencionan las manos y los pies traspasados, la burla de los enemigos, la repartición de las vestiduras, y la sed del «personaje». Estos elementos se han considerado simbólicos de la pasión y muerte de Jesús en la cruz. Pero el versículo 16 es el que más discordia despierta entre los eruditos

  • Salmo 22:16-18: «Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Reparten entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echan suertes.»

El salmo 22, como león u horadaron

La frase horadaron mis manos y mis pies es la que más controversia ha causado a lo lardo de la historia. Los judios, en contra de la opinión cristiana, dicen que los textos hebreos dicen Karú, que significa «como León», por lo que habría que leer, «Como león, mis manos y mis pies» o «Como león, son mis manos y mis pies» porque cuando no hay verbo se debe utilizar el verbo ser.

Evidentemente la frase carece de sentido, pero ellos se basan en textos masoretas del siglo X d.C. mientras que los estudiosos cristianos se basan en la Septuaginta (copia griega de la biblia hebrea realizada en el Siglo I a.C), en la Biblia Peshitta (escrita en arameo en el siglo I d.C.) y principalmente, y es aquí donde se acaba el debate, en los manuscritos del Qumran descubiertos hace solo unas décadas que se datan en el siglo I a.C.  Estos rollos escritos en Hebreo, no dan lugar a dudas, y por fin se puede saber con seguridad que el texto dice Karí, es decir «perforaron» u «horadaron» mis manos y mis pies. Por lo que la profecía es autentica.

Fuentes:

http://dssenglishbible.com/psalms%2022.htm

https://byustudies.byu.edu/article/the-psalm-2216-controversy-new-evidence-from-the-dead-sea-scrolls/

 

Argumentos en contra de las profecías sobre Jesús

Son muchas más las profecías contenidas en la biblia que no se aplican a Jesús. El Mesias según las profecías a las que queramos prestar más atención será un guerrero o un rey, nunca un pacifista.

Según la tradición judía, el Mesías (también conocido como el Mashíaj o el Mesías) es un líder futuro que cumplirá una serie de funciones importantes, pero que difieren en muchos aspectos de la creencia cristiana en Jesús como el Mesías. Aquí hay algunas de las creencias clave sobre el Mesías según la tradición judía:

  1. El Mesías aún no ha llegado: Los judíos creen que el Mesías todavía no ha llegado a la Tierra. Aunque a lo largo de la historia han surgido personas que algunos consideraron como posibles Mesías, ninguno de ellos cumplió con todas las expectativas mesiánicas.
  2. El Mesías será un líder humano: En la tradición judía, el Mesías es un líder humano, no divino. No se le atribuyen atributos divinos ni se le considera una encarnación de Dios.
  3. El Mesías traerá la paz y la redención: El Mesías se espera que cumpla varias funciones importantes, que incluyen la instauración de la paz mundial, la reunión de los judíos dispersos por todo el mundo en la Tierra de Israel, la reconstrucción del Templo en Jerusalén y la instauración de una era de justicia y prosperidad. Después de Jesús, los romanos trajeron dos guerras muy sangrientas a la tierra de Jesús.
  4. El Mesías será descendiente de David: Según la tradición judía, el Mesías será un descendiente de la Casa de David, específicamente de la línea de su hijo, el rey Salomón. Jesús no sabemos si se puede considerar hijo de José o no.
  5. El Mesías no se sacrificará por los pecados: A diferencia de la creencia cristiana en la expiación de los pecados a través de la muerte de Jesús en la cruz, la tradición judía no atribuye al Mesías la función de sacrificio por los pecados de la humanidad.
  6. Esperanza en la llegada del Mesías: La esperanza en la llegada del Mesías es una parte importante de la fe judía, y la creencia en su eventual venida es un elemento unificador en la comunidad judía. Los cristianos, sin embargo, esperan la segunda venida de Cristo o Parusía.

Profecias sobre el mesías según los judios

Las profecías mesiánicas en la tradición judía son pasajes del Antiguo Testamento (Tanaj) que se interpretan como referencias a un Mesías futuro. Estas profecías juegan un papel importante en la creencia judía en la venida de un Mesías, aunque las interpretaciones específicas pueden variar entre diferentes corrientes del judaísmo. Algunas de las profecías mesiánicas más citadas en la tradición judía incluyen:
  1. Isaías 11:1-5: Este pasaje habla de un «renuevo» que surgirá del tronco de Isaí (Jesé) y que estará lleno del espíritu de Dios. Se espera que este futuro líder tenga sabiduría, justicia y pueda traer la paz.
  2. Isaías 2:2-4 y Miqueas 4:1-4: Estos pasajes profetizan que en los últimos días, el monte del Templo en Jerusalén será exaltado y todas las naciones vendrán a aprender la Ley de Dios. Habrá paz y desarme.
  3. Jeremías 23:5-6: Habla de un «Rey justo» que se levantará de la descendencia de David y que será llamado «El Señor, Justicia Nuestra.»
  4. Ezequiel 34:23-24: Profetiza que Dios establecerá un solo pastor sobre su pueblo, descendiente de David, quien los guiará y será su príncipe.
  5. Malaquías 3:1-3: Habla de un «mensajero» que preparará el camino para el Señor y que purificará a la gente.

Estas son solo algunas de las profecías mesiánicas en el Tanaj (Antiguo Testamento) que los judíos consideran como referencias a un futuro Mesías. Sin embargo, es importante destacar que las interpretaciones y expectativas sobre el Mesías pueden variar entre diferentes ramas del judaísmo. Además, los judíos no creen que el Mesías será divino ni que tendrá un papel en la expiación de los pecados, como se cree en el cristianismo. Para los judíos, el Mesías será un líder humano que cumplirá un papel importante en la redención y la era de paz en la Tierra

One Comment

  1. Analytical and Research Agency marzo 25, 2024 at 12:26 am - Reply

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